NEW HAVEN. El Cónsul General del Ecuador en Connecticut, Raúl Erazo, personalmente tuvo la gentileza de invitarme a la celebración de la conmemoración de la fundación de Santiago de Guayaquil, el principal puerto marítimo del Ecuador y una de las ciudades costeñas más bellas de América Latina.
Mi familia y yo, llegamos unos minutos de la hora de la fiesta de conmemoración porque mi hija Angie Durrell iba a interpretar un mosaico de melodías nacionales y necesitábamos asistirle con el sonido y con los instrumentos musicAales.
Mientras arreglaba el micrófono, gratamente vi ingresar por la puerta principal a una “Dama Guayaquileña”, quien se sentó al lado de la esposa del Jefe de la Policía de New Haven, quien por cierto, es también ecuatoriana.
Cuando inició el evento, el Sr. Cónsul hizo referencia a Karina Gálvez, aquella mujer que ingresó con el traje de “Dama”, cuyos colores del vestido correspondiente a la época colonial y hasta iniciada a la República, correspondía a la bandera de Guayaquil, celeste y blanco, acompañado de una sombrilla de encajes, guantes y una sonrisa que iluminaba la sala del Consulado, inevitablemente.
Karina empezó a leer sus poesías, pero lo hizo de una manera tan didáctica e informal, que pidió a Iván Salvador, agente consular, una silla y la colocó en medio del público y preguntó de manera directa y con una simpatía natural: “¿Qué quieren que les lea. Poesía romántica, a la madre, para cortarse las venas, por aquel ingrato… Porque déjenme decirles, que a igual que ustedes yo he tenido todos esos síntomas”. Y el público irremediablemente cayó rendido a sus pies.
Ya pasado unos veinte minutos. Llegó un momento especial. Karina con voz sobria contó a la audiencia que el poema que leería inmediatamente, dedicó a su madre y como anécdota resaltó que durante su carrera de artista, nunca escribió nada para ella, pero luego de esa poesía, a la dueña de sus hijas le habían detectado cáncer en etapa terminal y moriría en los dos siguientes meses.
Nuevamente volvió a tomar impulso y sonrió, pero para eso la gente estaba impactada con sus relatos y se miraban con disimulo.
Karina, para mi gusto, es de esas matronas, que tienen cara de niñas juguetonas e inocentes, pero que cuando enfrentan al público se convierten en verdaderas mujeres del arte de hipnotizar con su suave voz y su poesía natural.
No por esto, esta guayaquileña de pura sepa, cantó el Himno Nacional de los Estados Unidos en plena ceremonia y en su ficha bibliográfica guarda un listado de premios interminables, producto del reconocimiento del público y de las organizaciones intelectuales del Ecuador y de los Estados Unidos.
Por ejemplo, en el 2006, cantó en la Catedral de Nuestra Señora de los Angeles en California. Fue delegada al Vaticano para asistir a la canonización de la santa Narcisa de Jesús Martillo,
En el 2009, bajo las ediciones Lord Byron publicó varios de sus poemas de antología, en el libro denominado: “Nueva Poesía y Narrativa Hispanoamericana del Siglo XXI.
“La poesía de Karina Gálvez, romántica, atrevida, versátil y fácil de leer, evoca sentimientos que hacen arraigar sus palabras en el corazón”, reza como conclusión en la biografía de la autora, que sin duda alguna es una gran embajadora de nuestro género.










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