Era un domingo en la tarde, y aquel día, llovía y llovía sin cesar. Cuando de momento, se abrió un portón de rejas enormes, y se oyó una voz fuerte que decía: “Te vinieron a ver”…Levántate”. Con un tono rudo y áspero el guardia penal comenzó a “esposar” a David para sacarlo de su celda,…pues tenia visita de su madre. Por los últimos 7 años, ella era la única visita que tenia. David, un joven de 26 años que se encuentra encarcelado cumpliendo una cadena perpetua por un asesinato que él dice no cometió.
Su madre cree en su inocencia, pero no tiene los recursos para contratar a un “buen abogado” para que apele la sentencia. Luego de unos 15 minutos contados y supervisados de visita su madre abandona las facilidades del penal llorando y haciéndose la misma pregunta de siempre: “¿En que he fallado yo como madre que hoy mi hijo se encuentra tras las rejas?”
Es fácil señalar con el dedo a aquello o aquellos que consideramos como responsables de esta y otras lamentables situaciones. ¿Se pueden evitar situaciones como la de David? ¡Tal vez! En realidad no lo sabemos.
Como hemos dicho en otras ocasiones, muchos valores y principios se han perdido a causa de cambios en muchas leyes y debido a la “nueva cultura” que predomina en nuestras escuelas y oficinas de gobierno. Lo que si es cierto es que si no hacemos algo las experiencias de jóvenes como David serán parte de las estadísticas.
“Y vivamos la moral que es lo hace falta…” Este fue el postulado y el lema principal de nuestro gran prócer puertorriqueño Don Eugenio María de Hostos. Lo que nos falta hoy día es predicar, enseñar y vivir la moral con un alto sentido de responsabilidad pública.
Tenemos que comenzar enseñando a nuestros hijos y/o nietos lo que significa el respeto. El respeto comienza por uno mismo. Nadie puede respetar a otra persona si no se respeta a si misma primero. Hay que saber respetar a una persona por lo que esta es, no por lo que tiene o por lo que nos pueda dar.
Hay que saber lo que significa tener dignidad. La dignidad es el amor propio y respeto por el ser humano. Uno puede perderlo todo en la vida pero nada ni nadie pueden quitarnos nuestra dignidad. Nadie lo puede hacer excepto nosotros mismos. Tanto el niño, así el joven como el adulto tienen su dignidad. Y todos tenemos que protegerla.
Hay que saber lo que significa ser responsable. No debemos impedir o evitar que nuestros hijos sufran las consecuencias de sus malas decisiones. Las malas decisiones nacen de la falta de una toma de responsabilidad seria por las cosas y por nosotros mismos. En cambio se es responsable cuando se toma el tiempo necesario para pensar y consultar antes de tomar decisiones. Se es responsable cuando se sabe medir el alcance o consecuencias de las cosas que enfrentamos día a día.
“La ley entra por casa…”.
Los valores morales surgen primordialmente en el individuo por enseñanza e influencia en el seno de la familia, y son valores como el respeto, la tolerancia, la honestidad, la lealtad, el trabajo, la responsabilidad, los que comienzan a grabarse a través del tiempo en la mente de nuestros niños.
Para que se dé esta transmisión de valores son de vital importancia la calidad de las relaciones con las personas significativas en su vida, sus padres, hermanos, parientes y posteriormente amigos y maestros. Es además indispensable el modelo y ejemplo que estas personas significativas muestren al niño, para que se dé una coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
Además es de suma importancia la comunicación de la familia. Cuando el niño ha alcanzado la edad escolar se hará participe de esta comunicación abierta, en la toma de decisiones y en aportaciones sobre asuntos familiares.
Posteriormente estos valores morales adquiridos en el seno de la familia ayudarán a insertarnos eficaz y fecundamente en la vida social. De este modo la familia contribuye a lanzar personas valiosas para el bien de la sociedad.
Recordemos que una persona valiosa, es una persona que posee valores interiores y que vive de acuerdo a ellos. Una persona vale entonces, lo que valen sus valores y la manera en como los vive.
Ya en el ámbito social, la persona valiosa buscará ir más allá de “mi libertad”, “mi comodidad o bienestar” y se traducirán estos valores en solidaridad, honestidad, libertad de otros, y paz. La armonía entre todos depende estos principios.
Las opiniones vertidas por Waldemar Gracia no reflejan la posición de la Voz Hispana. Nombres, lugares y circunstancias han sido alterados para proteger la identidad de los personajes citados en la historia.
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