Dicen que “después de la tempestad viene la calma”. Acabo de aprender que “después de la recesión viene el rebusque”.
Esta herida que tengo en la frente ¡Ay! es doloroso testimonio de la pobreza que padecemos. Paseaba por un “mall” cuando vi una moneda en el suelo. Cuando me agaché a recogerla ¡PUM! me estrellé con otras dos cabezas que intentaban agarrar el mismo penny.
¡Ay! Que situación económica tan enredada. Si nos ponemos a esperar a que republicanos y demócratas se pongan de acuerdo sobre los milagrosos proyectos que generarán miles de empleos… nos sorprenderá el Mundial de Fútbol que se jugará en las Islas Vírgenes, en el 2056
Mientras eso sucede, yo sigo inventando de dónde sacar algo de dinero.
Mi primo Filarmonio me sugirió la posibilidad de vender un órgano.
Yo me puse en la tarea de buscar en el depósito donde atesoro todas las porquerías que compre durante los años de las vacas gordas, pero no lo hallé.
- Cretino –me regañó el Filarmonio- no me refería a un órgano “Yamaha” de esos de teclado. Lo que puedes vender es un órgano tuyo.
Ayer, después de pasar bajo la ducha, me paré frente al espejo, tal como mi Dios me trajo al mundo (o sea en canicas), con el propósito mercantil de escoger qué órgano podría yo anunciar como “ligeramente usado”.
- Filomeno, me practiqué la inspección, desde la coronilla hasta el peroné, pero no encontré un órgano realmente interesante que pueda anunciar en e-bay.
- Imbecilillo, es un órgano interno. ¿Qué tal un riñón?
El contrato para vender un riñón es más enredado que redactar un tratado de paz con el “cartel del Chapo Guzmán”. Que describa el estado del riñón, millaje recorrido, fechas de mantenimiento, ajuste de pistones, más el color detallado de la micción y si ya pasa aceite 40.
- Filomeno, me rindo. Estoy a punto de cortarme las venas.
- Espera güey. No vayas a manchar la alfombra. ¿Viste que acaban de subastar un diente del John Lennon, por $31.300 dólares?
- ¿Y quién es ese güey?
- Lennon, el líder de la famosa banda de los “Beatles”.
- Espera… no vayas a colgar.
Fui hasta el baño y abrí la boca cual vulgar hipopótamo, pero luego del examen oral, quedé decepcionado.
- Filomeno. Todas mis piezas dentales las veo bastante usadas. Opino que la que mejor se podría cotizar… es ésta muela, con una calza de plata, que me estoy tocando con el dedo.
- Cretino. Nadie va a estar interesado en una muela que cargas entre la trompa. La muela debe estar afuera. Y para que veas que no importa que la muela sea de segunda, la del Lennon estaba amarillenta y con una carie tan profunda, que al tipo le debía doler hasta la glándula pituitaria.
- Filomeno, espéreme un instante, no cuelgues.
Corrí a buscar entre mi cajita de curiosidades.
- Primo. Aquí encontré el primer diente de leche que se me cayó. ¿Será que lo puedo subastar?
- ¿El Ratón Pérez te pagó algo?
- Creo que un dólar.
- No seas estafador. Ese diente ya no te pertenece. Si no posees el permiso del Ratón Pérez podrías estar cometiendo un delito federal.
Nota:
Mañana me vuelvo a encuerar frente al espejo para ver qué otra porquería podría subastar.
VERBATIM
“Para hacer tu primer millón te recomiendo empezar con $900.000. ”
Morton Shulman








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