lunes, 21 may 2012

Última actualización:12:41:22 AM GMT

    

La Voz de Conneticut

jSharing - JA Teline III

¡No hay cama pa’ tanta gente!

Anoche no pude dormir. Con el corazón a punto de saltarme del pecho y apretando las nalgas con ansiedad, esperé a que anunciaran por la tele el nacimiento del habitante número “siete mil millón” de este planeta.

Tan pronto confirmaron esa cifra, el tío Epaminondas desempolvó un viejo disco de acetato del “Gran Combo” y nos hizo escuchar la canción que, según él, debería ser adoptada como el himno nacional del planeta: “¡No hay cama pa’ tanta gente!”.

¡Calenturientos de todo el mundo: no sigan produciendo bebés con  tanto entusiasmo!

En 1804 alcanzamos el récord: 1 mil millones de personas en el mundo.

Fueron necesarios 122 años -1927- para llegar a 2 mil millones.

33 años para alcanzar -en 1960- los 3 mil millones.

14 años para llegar –en 1974- a 4 mil millones.

13 años para tener –en 1987- 5 mil millones.

12 años para completar -en  1999- 6 mil millones de habitantes.

Y ahora en 2011, ¿cómo pudimos procrear, en apenas doce años, otros mil millones de nuevos despistados, dedicados al deporte universal de contaminar el planeta?

La única explicación que se me ocurre es que somos unos tarados que confundimos  el precepto bíblico de “amaos los unos a los otros”, con “amaos los unos encima de los otros”.

¡Basta! Donde sigamos con esa confusión, este planeta empezará a oler a frondio con tanto pañal desechable. Un ecologista me sopló el chisme que el recalentamiento global se origina en el irresponsable recalentamiento de millones de parejas debajo de las sábanas. Las siguientes estadísticas respaldan mi teoría:

En un día cualquiera, 200 millones de parejas en el mundo hacen el amor, 367 mil bebés nacen y 154 mil personas mueren.

A semejante ritmo, pues “no habrá cama pa’ tanta gente”. Como quien dice, llegará el día en que nos tocará dormir parados. (El término “parados” debe entenderse como dormir de pie) ¡Pellizquémonos! No esperemos otros diez años para asombrarnos sobre los resultados de reproducirnos como conejos. Maravillémonos ahora:

En los tres minutos que tú empleas para leer esta columna, nacerán 765 bebés en el mundo. En los mismos tres minutos habrán muerto 321 personas. Eso quiere decir -en matemáticas elementales- que cuando termines de leer esta columna , nuestro planeta contará con 441 inquilinos nuevos.

Dicen que en tiempos antiguos éramos un pirriquitín más cuidadosos para las artes de la reproducción. A juzgar por estas cifras, sí.

En el año 10.000 Antes de Cristo, la población de la Tierra era de 5 millones de seres humanos.

Tuvieron que transcurrir dos mil años, para que nuestro planeta alcanzara 8 millones de habitantes.

(Ese incremento de 3 millones de habitantes se puede alcanzar hoy, en apenas 120 días, sólo con bebés que porten como etiqueta de origen: “Made in China”)

Por la época del nacimiento de Jesús -Año 1 de la Era Cristiana- el mundo tenía 320 millones de habitantes. 2.011 años más tarde, esa cantidad de población equivale a la de Estados Unidos. A propósito, aquí seguimos creciendo con renovado entusiasmo. Me cuentan que en una redada nocturna del ICE, los agentes golpearon en una casa.

Como nadie les abrió, decidieron usar un altavoz:

- ¿Quiénes viven en esta casa?

Un coro de voces asustadas respondió:

- Somos inmigrantes

- ¿Y qué hacen?

- ¡Más inmigrantes!


VERBATIM

“Los dos elementos más abundantes en el universo son el hidrógeno y la estupidez humana. Pero no necesariamente en ese orden”
Brian Pickrell


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