- Tía, la reforma migratoria sigue refundida.
- Mijo –me recomendó la tía Filomena- tratemos de encontrarla por teléfono.
Con gran entusiasmo puse “dedos a la obra” y llamé al Congreso.
Luego de hablar con catorce funcionarios -y escuchar durante las pausas música de once estados- resulté comunicado con la oficina de “objetos perdidos”.
- ¿La tal reforma que busca se le perdió en la oficina de un congresista demócrata o republicano?
Le expliqué que esa reforma migratoria la esperan millones de personas.
- ¿Cómo lucía la tal reforma el día que se le extravió?
- ¿“Lucía”?
- Haberlo sabido. Entonces, la tal reforma se llama Lucía.¿Cómo iba vestida “Lucía” el día que se extravió?
- No. No se llama “Lucía”. Se trata de la reforma migratoria. La necesitan doce millones de seres humanos.
- Comuníquese entonces con la oficina de “reformas definitivamente extraviadas”. Gracias por llamar. (Colgó)
Llamé a la Casa Blanca.
- Tenga paciencia, mientras lo comunicamos con un oficial.
Escuché dieciséis veces la marcha militar de “Barras y Estrellas” interrumpida cada minuto por un robot que prometía el milagro de contactarme con un ser humano. A los 41 minutos se agotaron mi paciencia y la batería de mi celular. El último mensaje que escuché desvanecía cualquier esperanza:
- Tenga paciencia. Todos los oficiales están ocupados tratando de convencer a veinte representantes demócratas que no renuncien, porque los republicanos están con ganas de reversar la reforma a la salud.
Llamé entonces a la oficina del Representante Luís Gutiérrez. El contestador telefónico (que representa al representante) respondió:
- “El representante Gutiérrez encabeza una marcha de recogedores de brócoli en el valle de Salinas, California, para exigir la reforma migratoria. Si usted es recogedor de brócoli, marque uno. Si fue recogedor de brócoli pero perdió su empleo, marque dos. Si odia el brócoli, marque tres. Si usted es inmigrante, desempleado, divorciado y lo busca el ICE, lo invitamos a marchar hacia Washington con la delegación de campesinos recogedores de brócoli”.
Por sugerencia de un paisano llamé al ICE.
Una “robota” (máquina con voz femenina) me agradeció por tomarme la molestia de llamar y prometió ayudarme. Luego me dio una entusiasta bienvenida a Estados Unidos en seis idiomas: inglés, árabe, ruso, spanglish, guaraní y zapoteco.
- “Lamentamos que la espera sea un pirriquitín larga. En la fila de espera usted está en el puesto once millones seiscientos once mil trescientos doce. Si desea esperar, marque uno. Si desea saber en qué año lo atenderemos, marque dos. Si no quiere escucharnos, marque tres y cuelgue… de todas maneras su número ya quedó en la lista de espera, para el sorteo de una deportación.
Llamé entonces a la oficina de derechos humanos.
Me atendió , por fin, una persona del tipo “tres en uno”: carne, hueso y cerebro.
- Cuénteme su caso. Estamos para ayudarle.
- Gracias, le hablo en nombre de un trabajador inmigrante que se encuentra en el hospital. Fue golpeado en un caso de odio racial. A su mujer la deportaron y sus cinco hijos están abandonados. El mayorcito está detenido por tener cara de ilegal. Dos fueron entregados en adopción. Una está desaparecida y la menor se encuentra en huelga de hambre hasta que le devuelvan a su mamá. ¿Qué puedo hacer?
- ¿Usted representa a una empresa de lobby?
- No señorita, pero los cinco niños nacieron aquí, son ciudadanos americanos.
- ¿Alguno de ellos juega golf, o polo, o trabaja en Wall Street?
- No señorita.
- Lo siento, no ayudamos a indocumentados. Dígale al hijo mayor que nos llame cuando cumpla 21. Que tenga una maravilloso día. ¡Ah! Y recuerde que aquí estamos para ayudarle… (Antes de colgar la escuché gritar: “¡Next!”)
____________VERBATIM
El 99% de los burócratas leda pésima imagen al resto.












