domingo, 05 feb 2012

Última actualización:08:40:26 AM GMT

    

La Voz de Conneticut

jSharing - JA Teline III

La Generación Boomerang (*)

¡Estamos en cosecha de refugiados!
No se trata de ese tipo de refugiados que se embarcaron en Europa huyendo del hambre y la intolerancia, para buscar nuevas oportunidades en América.
Mucho menos se trata de la llegada de millones de paisanos que cruzaron la frontera sur, para recoger cosechas y, de paso, comprobar en vivo y en directo, si el tan anunciado sueño americano era verdad.

Hoy la cosecha de refugiados es interna.

Mi prima Virginiana regresó a refugiarse en casa de su madre..

Llegó con cuatro escuincles (tres del primer matrimonio y uno del segundo). Aunque llegó con su segundo esposo, antes de tres semanas apareció su primer marido (el padre de los tres niños), cargando la cara lánguida de los desempleados.

En casa de los Martínez pidieron asilo sus dos hijos, ya profesionales.

Ella, diseñadora y él, ingeniero de computadores. Ambos con sus respectivas parejas, y dueños de cuatro adolescentes maleducados, que ya chapalean en el tsunami de sus cambios hormonales. Piensan refugiarse una temporada (no saben si larga o corta) todo depende de la recuperación de la economía.

Mi primo Venancio también buscó asilo.

Solterón de profesión, ha estudiado tanto que está más preparado que un yogurt, pero resultó despedido de una empresa de tecnología aplicada. Seis meses más tarde, cuando su último cheque del seguro de desempleo desapareció en el supermercado, empacó su colección de revistas Playboy, su computador, su novia y su gato y se refugió en casa de sus padres.

¿Qué pasó mi Venancio?

¿No que te habías largado para siempre?

¿No que habías alcanzado tu independencia?

¿No eres tú el mismo despistado que llamabas a tu jefa el día de Navidad para desearle “feliz cumpleaños y feliz día de la madre”, porque durante todo el año te olvidabas de la vieja?

El muy sin vergüenza del Venancio regresó, como si nada, luego de veintiún años de haberse largado “para siempre”.

- Ay mi Venancio –exclamó su madre- no me importa que la cosa se te haya puesto peluda y que ahora tengas el vozarrón y la panza del Pavarotti. Seguirás siendo mi bebé, así hayas superado los cuarenta.

¡Es el Apocalipsis!

Millones de parejas retiradas, que apenas empezaban a disfrutar de la libertad de vivir solas (después de haber criado, educado y echado a volar a sus hijos) están recibiendo a sus “bebés, de retorno al nido”, cargados de deudas y de nietos.

De paso, les toca aguantar en silencio a unas nueras y a unos yernos que, además de desempleados, son insoportables.

Y –a estas alturas del partido- también deben aguantar a unos nietos inquietos que ya desbarataron los audífonos para la sordera del abuelo y, para no discriminar, también le desconectaron el tanque de oxígeno a la abuela.

Pero eso no importa. Los nietos adolescentes ponen el equipo de sonido a tan alto volumen, que el abuelo ya no necesita audífonos para su sordera, y hasta se sospecha que la abuela consume substancias alucinógenas, porque ahora perrea entusiasmada, al ritmo de los clásicos del reggaeton.

A pesar del caos, no todos están dispuestos a moverse.

Por ejemplo, el 42% de los profesionales que se graduaron en 2006, no piensan moverse de donde están… todo por una simple razón: ellos jamás se fueron de la casa.

Son la nueva Generación Boomerang (*)

¿Boomerang? (*)

Sí, muchachos entre 25 y 45 que descubrieron , que el mejor negocio es no amputarse el cordón umbilical y continuar prendidos -los muy frescos- del generoso seno de mamá.

(*) Boomerang: objeto que tras ser lanzado regresa a su punto de origen.

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VERBATIM

Tú puedes ser joven apenas una vez, pero inmaduro… siempre.
Dave Barry

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The Battle for America 2008

Invocación a los Regresos

JUAN DANIEL BRITO

Una colección de textos poéticos y narraciones en la que describe el efecto que tiene en la conciencia del escritor, el ser testigo de un momento en la historia del planeta en que todo parece concluir y cuando las palabras “definitivamente,” e “irreversible,” son rechazadas por las personas a través de múltiples mecanismos de negación; pero siguen presentes cada día a través de los intensos fenómenos sociales, espirituales, y ecológicos que sufre la humanidad.

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