sábado, 31 jul 2010

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La Voz de Conneticut

jSharing - JA Teline III

Llegue a las 500

Eso de llegar a las 500 nada tiene que ver con mi conteo de glóbulos rojos, ni pienso correr las 500 Millas de Indianápolis.

Lo que celebro es que he logrado sobrevivir durante quinientas semanas, viviendo del humor.

Celebrarse uno mismo esta marca podría lucir gacho. Tienen toda la razón, es gacho, lobo y de pésimo gusto.

Me siento como si mi madre me hubiera celebrado -con piñata, fotos y payasos- la caída de mi primer diente de leche.

O tan ordinario como cuando mis carnales me celebraron mi primer brote de acné, (tiquete de entrada a la adolescencia) en un antro oscuro, donde unas señoritas bailaban agarradas de un tubo.

O como en el caso de mi tía Hortensia, a quienes sus padrinos le organizaron una rumba, con aviso pago en el periódico, felicitándola porque “por fin le llegó aquello” (señal de su arribo a la edad de merecer)

Celebrar quinientas semanas dibujando mamarrachos y escribiendo idioteces resulta tan criticable como la conducta de aquel amigo argentino, que el día de su cumpleaños llama a su madre para felicitarla.

¿Y yo a quien felicito?

Pensé enviarles sendas tarjetas de felicitación a las tres neuronas perezosas que, a lo largo de 500 semanas he tenido que despertar a codazos, para que dibujen las 600 palabras de Mi Columna Vertebral, las cuatro caricaturas editoriales y el Juan Alien, de cada semana.

Pero no las merecen.

El real héroe de esta historia es mi tímido asterisco. Todas las semanas soporta -sin pestañear- el peso de mi cuerpo, mientras bostezo por horas frente a una pantalla en blanco, esperando, paciente, a que desciendan de lo alto las perezosas musas de la inspiración, encargadas de soplarme al oído los temas de la semana.

Escribir humor es un oficio serio y de alto riesgo, que muy pocos valoran.

Equivale a chambear como piloto de pruebas, en una fabrica de supositorios.

Aunque ambos trabajos tienen sus emociones, nunca han estado de moda.

Para más coincidencia, el humor, y los supositorios, carecen de valor.

(Si el humor y los supositorios tuvieran algún valor, se cotizarían en Wall Street, y la Reserva Federal ya nos hubiera enviado un generoso rescate para salir de esta aburrida depresión) Agradezco la torta de cumpleaños (vergonzosamente diminuta) con la que me sorprendieron mis compañeros del periódico. A su alrededor colocaron quinientas velitas.

(A la hora de apagar las velas fue necesario pedir apoyo al benemérito cuerpo de bomberos voluntarios. Los tipos hicieron su ingreso triunfal por la ventana y se unieron con derroche de entusiasmo a la celebración)

¿Quinientas semanas son pocas o muchas?

Para Albert Einstein (padre de la teoría de la relatividad) quinientas semanas son pocas, si uno esta enamorado, feliz y soltero. Pero son muchas, si uno se encuentra indocumentado, desempleado y suspirando por la aprobación de una reforma migratoria.

Para estrenar el actual milenio, me propuse chambear, bajo la consigna: “Una sonrisa es una línea curva que lo endereza todo“.

(A juzgar por los sólidos resultados, los inventores del Viagra también se inspiraron en la misma consigna)

Mi promesa era hacer sonreír a un par de lectores -durante dos segundos- para luego invitarlos a reflexionar -durante dos minutos-.Mi editor me acaba de confesar que los resultados durante las quinientas semanas, han sido, “más o menos, iguales”.

(Este concepto tan científico me da a entender que los dos lectores continúan siendo los mismos, pero que el desempleo ha contribuido a que ahora piensen más, y sonrían menos)

¡Ay! Traspasar las 500 semanas es como perder la virginidad... uno ya no se explica si era mas divertido antes, que después.

 


 

VERBATIM

“Cada día sabemos más
y entendemos menos”
Albert Einstein

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