lunes, 21 may 2012

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¡ Stress & Dos! (Parte 2)

El “Stress” o estrés en español, es la respuesta automática y natural de nuestro cuerpo ante las situaciones que nos  resultan amenazadoras o desafiantes. En nuestro primer artículo hablábamos del efecto en nosotros sin abordar mucho el concepto del “Stress” en sí mismo.

Como decíamos en el artículo anterior “no es fácil recuperarse de los efectos dañinos del stress. Hay ayuda y tratamiento disponible. Pero no muchas personas se curan de este mal. Un proceso de psicoterapia puede ayudar a una persona a comprender de que sí se puede cambiar si uno quiere, que el cambio es posible y que hay alternativa para una vida mejor. Pero el problema con el stress y sus efectos negativos es que nos acostumbramos a ellos, encontramos un “confort zone” en nuestra vida miserable y de ahí no hay quien nos saque.”

Nuestra vida y nuestro medio ambiente se encuentran en constante cambio y nos exigen continuas adaptaciones; por tanto, cierta cantidad de “Stress” (activación) es necesaria. En general tendemos a creer que el “Stress” es consecuencia de circunstancias externas a nosotros, cuando en realidad entendemos que es un proceso de interacción entre los eventos del entorno y nuestras respuestas cognitivas, emocionales y físicas. Cuando la respuesta de “Stress” se prolonga o intensifica en el tiempo, nuestra salud, nuestro desempeño académico o profesional, e incluso nuestras relaciones personales o de pareja se pueden ver afectadas. La mejor manera de prevenir y hacer frente al “Stress” es reconocer cuándo aumentan nuestros niveles de tensión y ante qué estímulos o situaciones.

Las señales más frecuentes de “Stress” son:

EMOCIONES: ansiedad, irritabilidad, miedo, fluctuación del ánimo, confusión o turbación. Pensamientos: excesiva autocrítica, dificultad para concentrarse y tomar decisiones, olvidos, preocupación por el futuro, pensamientos repetitivos, excesivo temor al fracaso.

CONDUCTAS: tartamudez u otras dificultades del habla, llantos, reacciones impulsivas, risa nerviosa, trato brusco a los demás, rechinar los dientes o apretar las mandíbulas; aumento del consumo de tabaco, alcohol y otras drogas; mayor predisposición a accidentes; aumento o disminución del apetito.

CAMBIOS FÍSICOS: músculos contraídos, manos frías o sudorosas, dolor de cabeza, problemas de espalda o cuello, perturbaciones del sueño, malestar estomacal, gripes e infecciones, fatiga, respiración agitada o palpitaciones, temblores, boca seca.

Los eventos externos como generadores de “Stress” no necesariamente deben ser muy notorios o intensos, sino que pueden “acumularse” en sus efectos hasta que llegamos al límite. La manera en que interpretamos y pensamos acerca de lo que nos ocurre afecta a nuestra perspectiva y experiencia de “Stress”. De manera que con frecuencia es nuestra interpretación lo que genera (o potencia) una reacción negativa de “Stress”, más que el evento o situación a la que nos enfrentamos. Nuestra reacción a las situaciones del entorno, está también afectada por nuestro nivel general de salud y bienestar. Una persona que está siempre agobiada, que duerme poco y no come de manera equilibrada, probablemente disponga de menos recursos para afrontar situaciones difíciles. La clave está en que logremos equilibrar descanso, alimentación, ejercicio físico, trabajo-estudio y ocio.

Las estrategias para afrontar el “Stress” buscan prevenir o controlar los excesos en las demandas procedentes del entorno o bien de nosotros mismos. En los casos en que la situación que nos genera “Stress” es inevitable, como un examen o una lesión, el desafío consiste en hacer frente a la situación de la manera más saludable posible, lo cual incluye no seguir haciendo aquello que sabemos, por el pasado, que no nos ha dado resultado. Para ello te sugerimos algunas estrategias que han probado ser eficaces, y que pueden ayudarte a hacer frente a situaciones de mucha tensión. Entre ellas:

1. Relájate. Realiza actividades que te permitan renovarte física y psicológicamente: descanso, vacaciones, deportes y actividades de ocio, técnicas de relajación.

2. Haz ejercicio. Las actividades físicas como caminar, nadar, o incluso limpiar el cuarto, reparan nuestras fuerzas y nos reaniman.

3. Mantén una dieta saludable. Evita la automedicación y el abuso de cafeína, alcohol y comidas.

4. Ser asertivo. Establece límites, aprende a decir que «no». Suspende las actividades que son menos prioritarias, es decir, “escoge tus batallas”.

5. Organiza tu tiempo. Prioriza y estructura tus actividades y expectativas.

6. Intenta mantener expectativas realistas. Esperar demasiado de uno mismo o de los demás, exigirte perfección o ser inflexible con las prioridades puede generar mucha frustración.

7. Comparte tus emociones. Busca alguien con quien conversar y expresar tus emociones, tanto la risa como la pena y la rabia.

8. Anticipa las situaciones estresantes y prepárate. Imagina la situación (el examen o la entrevista, por ejemplo) y practica tus respuestas y reacciones para estar preparado.

9. Ordena tu espacio personal. Limpia y arregla tu cuarto y tu mesa de estudio. Cambia tu ambiente físico de manera que te ayude a trabajar y descansar mejor.


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