lunes, 21 may 2012

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La Voz de Conneticut

jSharing - JA Teline III

“Mi sobrino es un paquete y estoy jarta”

Querida Tía. Le escribo ya que una amiga a la que estimo mucho me recomendó que le mandara un e-milio para que me oriente con respecto a la situación de mi hermana y mi sobrino que me tienen más estresada que candidato republicano con problemas sentimentales en su pasado inmediato.

Resulta tía que mi hermana vive en Guaynabo, Puerto Rico y tiene un hijo de 17 pepas que le ha dado muchos problemas en la escuela.  Por lo pesado e incordio en el barrio le apodaban Verdugón ya que además de incordio tiene el rostro difícil.  Mi hermana que está separada del esposo, ha tenido que lidiar sola con este mequetrefe a quien llevaron a un especialista de la cabeza quien le aconsejo a mi hermana que se mudara de casa, pero que lo diese la nueva dirección a su hijo.

Buscando ayuda, Rosalía le pidió a mi mayor hermano que vive en Orlando y que es retirado del correo, que se llevara a Verdugón para allá por unas dos semanas.  Tía, se lo mandaron de vuelta a los cinco días ya que le dio por enamorar a una señora casada cuyo esposo lo anda buscando para dejarle la cara llena de dedos por patas negras.

Como mi pobre hermana está más nerviosa que gata en celo, accedí a traer a Verdugón para las fiestas y allí fue mi gran error.  Ya en el aeropuerto comenzó a reírse de mi esposo que es calvo recomendándole que usara una peluca para el frío.   Pepo que es muy pacifico pero a su vez le recomendó un trasplante de rostro, cuestión que creó una fricción inmediata entre ellos y comenzaron con dimes y diretes.

Llegando a nuestro hogar se le dio un cuarto que era de mi hijo que se mudó a Japón, y allí Verdugón dormía durante el día y se levantaba como a las seis de la tarde con la frase, “¡tengo hambre!”   En casa se le servía su comida, pero nos decía que le tenía alergia al arroz con gandules y que prefería las chuletas con papas majadas.

Cada vez que salíamos, se le ocurrían antojitos como los emparedados super gigantes de McDonald, o pizzas con cinco agregados.  Verdugón, cuyo nombre es Kelvin; seguía mortificando a mi esposo por lo del pelo y le recomendaba trasplantes de apéndices pilíferos de las nalgas que según este mentecato estaban de moda en Puerto Rico.

“Tendrás el pelo ensortijado y parecerás griego,” le decía y mi esposo le sugería que cuando hablara entrara los dientes porque rallaba el piso.

Todo comenzó a calentarse cuando un día me llamó mi hermana enojada porque Verdugón, la había llamado para chotearnos, quejándose de la mala comida y porque la cama era más dura que pan gallego.  A mí no me gusta discutir con ella, pero le dije claramente que su hijo comía más que el lago de Utuado, por las cuatro bocas; y que a pesar de que el lecho era duro, a mi modo de ver dormía muy bien hasta 16 horas al día.  Finalmente le dije que se lo enviaba de vuelta después de año nuevo.  Otro error. La noche de despedida invitamos a mi comadre, su esposo y dos de sus hijas y a unos vecinos con lo que siempre jugamos al dómino.  Desde temprano Verdugón comenzó a correrle la maquina a mi esposo diciéndole que si trabajara de cocinero sería muy aceptado ya que jamás habría pelos en la sopa y que por favor no le tomara el pelo.  Como vi que mi esposo se estaba enojando ya que se había dado tres coquitos, llamé al manganzón a un lado y le dije que si no se sosegaba, al día siguiente lo enviaba para la Isla, con lo cual se tranquilizo, aunque quería poner música de perreo para bailar con la hija de 14 años de mi comadre.

Gracias a Dios llegaron las doce y cuando estábamos preparados para hacer el brindis, Verdugón lanzo el contenido de su copa hacia arriba manchando el cielo del departamento que estaba recién pintado, gritando “Viva el 2012 caraj…”.  Allí explotó mi esposo que le preguntó si era idiota todos los días o descansaba los martes, a lo que Kelvin le respondió, “vaya salmón, si no quieres que se te moje la calva usa un sombrero tejano.”

Tía, en eso momento mi esposo le quiso partir la cara y tuvimos que sujetarlo.  Resultado, la fiesta fue un fracaso y a Verdugón le envié a Puerto Rico rápidamente, aunque me costó muy caro el pasaje porque es la temporada de las fiestas.

Ahora mi hermana esta enfogonada conmigo, me dijo que Verdugón debió habernos llamado la policía ya que mi esposo lo había mirado con odio reconcentrado (lo cual es cierto ya que había cogido una silla para probarle a Verdugón la solidez de su esparda).  Esta gente calva suelen ser tranquilos pero cuando pierden el control, hummmm.

Ahora me siento culpable ya que amo a mi hermanita y deseo llamarla para excusarme por lo sucedido.  Por favor dígame lo que hay.

Jacinta


Respuesta

Jacintita,

No tienes que darme más detalles ya que aunque no soy la Dra. Polo, capto perfectamente por donde viene la ola.  Primeramente pienso que tu hermana ha criado un monstruito ya que si bien conozco casos de muchachos mal criados, Verdugón se ganó el concurso por lo atrevido.

Este muchacho sufre de “amamantáis crónica” enfermedad que consiste en que desde chiquito la madre lo ha sobreprotegido y le ha reído las gracias.

Esta enfermedad a la que yo le di el nombre, se caracteriza por que la mai se siente culpable de algo y por eso le ha soportado hasta ahora la mala conducta a este muchacho que ya pronto cumple la mayoría de edad.

Sin embargo, y como decía mi abuelita y mi Titi, si el arbolito que no se corrige cuando está creciendo para que no se enchueque, difícilmente se arregla ahora que es un manganzón con barba y bigote.   El muchacho puede fácilmente caer en conductas antisociales y deberá tener cuidado ya que no puede faltarle el respeto de esa manera a los calvos, sobre todo por allá por la calle Park con la Broad en Hartford donde por mucho menos, mueren los valientes.

Aunque no me lo dices en tu carta, siempre queda en el aire la pregunta de donde estaba o ha estado el padre de este muchacho que tenia responsabilidades en su crianza, aunque me imagino que ha sido uno de esos que han brillado por su ausencia y que está fugitivo de la justicia por lo de los alimentos.

Ahora bien y para ser justos, tu esposo no debió haberse puesto pico a pico con Kelvin, ya que como dice el dicho “quien se acuesta con muchachos amanece mojado.”  Tu esposo debió haberle parado el carrito en el mismo aeropuerto de una manera firme pero respetuosa.  Con eso de reírse de sus dientes, se puso a su mismo nivel.

También quiero aprovechar este caso para hacerles ver a muchas nenas que se embarazan muy temprano y que los padres desaparecen, que es el primer mal paso para tener hijos tan mal criados como Verdugón.  Me pregunto si en el caso de Kelvin, ya que no me gusta tildar a los jóvenes por apodos, será su rostro lo que le ha provocado un complejo que trata de superar corriéndole la maquina a otros.

Te aconsejo que esperes que tu hermana te llame, no recibas nunca más a tu sobrino, y recomiéndale a la mai que lo lleve rápidamente a un siquiatra para lidiar con el posible complejo de inferioridad.

Otra alternativa es el Ejército, la Guardia Nacional o la Marina donde hay unos sargentos sangri’gordos que ponen a estos muchachos como chupa con 100 abdominales, carreras involuntarias a las tres de la mañana, y otros ejercicios preventivos.

Gracias por el e-milio y cuídate de la lluvia de protones y otras madres que vienen del sol que parece que anda indispuesto.
La Tía


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