La persona Número Uno vestía un sudador gris desabrochado. Jeans azules con rasgadura en la rodilla izquierda. Nikes negros. Una gorra de Supermán negra con el borde deshilachado.
¿La persona Número Dos? Ella tenía un sudador gris también. Delgada. Pelo negro. Tecleaba en un computador. La persona Número Dos se sentó detrás de la persona Número Uno en una cafetería del centro de la ciudad. La persona Número Uno miraba hacia el lado opuesto. Pero aún así podía recitar los detalles de la apariencia de ella.
Él se había propuesto tomar nota de los detalles. Siempre lo hace. En caso de que algo suceda.
¿Por qué hace eso la persona Número Uno? La clave podría encontrarse en el diseño parcialmente disimulado por su sudador gris: una insignia del departamento policial de New Haven. La persona Número Uno es un oficial de patrulla llamado Milton De Jesús (en la foto ). Estaba sentado en Starbucks en High y Chapel discutiendo dos atentas observaciones que había realizado en semanas recientes, que conllevaron a arrestos de alegados ladrones.
Las hizo porque está entrenado para prestar atención a los detalles como asunto de rutina. Esté o no en su horario de trabajo. «Usted tiene que ser un oficial», dijo De Jesús, «24 horas al día. Usted tiene que estar concentrado».
De Jesús estaba técnicamente fuera de servicio poco después de la medianoche del 22 de febrero cuando divisó a un hombre colocando un objeto abultado en los manubrios de su bicicleta de 10 velocidades en la esquina de las calles East y State.
De Jesús conducía hacia su casa desde el cuartel policial, donde había estado levantando pesas. (El Gimnasio Gold’s de Gando Drive estaba cerrado). En principio solo notó que este hombre cargaba algo voluminoso en la calle luego de la medianoche, y lo colocaba encima de su bicicleta. De Jesús no estaba seguro de qué se trataba. Pero se veía lo suficiente sospechoso, así que detuvo su Crown Vic encubierto (su automóvil personal, antigua propiedad del Departamento Policial de Wallingford) para investigar.
Resultó ser una caja registradora. También resultó que la registradora provenía de Gloria’s Grocery, justo en esa esquina, donde la ventana había sido rota. Al igual que migas de pan en el bosque, un rastro de papel de la registradora seguía al hombre por la acera.
El alegado ladrón huyó con la registradora. (Dejó botada la bicicleta). De Jesús lo reportó por la radio y le persiguió. No tenia consigo su chaleco a prueba de balas; de hecho, en la fría noche solo vestía unos shorts y una franela; las espinas le arañaban la piel mientras corría por el tupido matorral.
«En asunto de segundos», recuerda De Jesús, policías de la ciudad, de Yale y del estado (incluyendo un canino) llegaron. Acordonaron varias cuadras circundantes, mientras oficiales perseguían al hombre por los patios de la oscura I-91 bifurcada con Mill River Street y las riveras industriales del Mill River.En un momento dado, De Jesús escuchó un crujido en el matorral. Divisó al hombre huyendo, quien de nuevo desapareció—en el helado río. Un policía de Yale en I-91 divisó al hombre saliendo del agua, y los oficiales lo apresaron.
Unas semanas antes De Jesús estaba de servicio cuando hizo otro ominoso descubrimiento. Eran alrededor de las 9:30 p.m. De Jesús conducía por Dwight-Kensington y Edgewood, en su turno regular de 3-11. Por la radio policial entró una llamada de su supervisor, el teniente Ray Hassett, Gerente del Distrito 4. Una mujer dijo a los policías haber visto a un hombre irrumpir en una oficina de abogados en el Boulevard, salir con un par de cajas, y dejar el botín en un patio. La mujer dio una detallada descripción física, incluyendo su chaqueta negra y jeans y su gorra de los Yankees.
Hassett dijo por la radio «Suena como nuestro amigo», y mencionó a un ladrón reincidente conocido por los policías. Procedió a despachar a todas las unidades a buscar al hombre.
De Jesús había conocido al ladrón en sus patrullajes. Él se dedica a conocer a la gente en la calle. Había entablado conversación con el hombre frente a un edificio con problemas en Winthrop y Chapel. «Eso no quiere decir que es una mala persona», dijo De Jesús, pero el hombre tiene, y ocasiona problemas.
De Jesús fue el primero en divisar al ladrón caminando «muy campante» en Ellsworth. Lo detuvo y le cuestionó. Le cateó y le encontró una pipa de crack. «Si De Jesús no hubiese tenido tanta hambre, si no hubiese estado tan en punto, esto hubiese sido sólo otro tipo caminando por la calle», dijo el teniente Hassett.
Tan importante como De Jesús divisar al sospechoso, lo fue también el haberse dado cuenta de cuál patio había salido este previamente. De Jesús había estado escaneando la calle mientras conducía por ella. Allí en el patio trasero, identificadas por De Jesús, encontraron los policías las cajas llenas con los objetos alegadamente sustraídos de la oficina de abogados, incluyendo una carne empacada y un par de botas. Hasset dijo, refiriéndose a De Jesús, «El es un excelente oficial policial. Es entusiasta, cuidadoso, y dispuesto a asumir cualquier misión».
De Jesús, quien tiene 33 años, creció en el Hill. Acostumbraba a ver a los policías atrapar a los traficantes de drogas en el complejo habitacional público Columbus West, donde él vivía en un apartamento del segundo piso. Recuerda que «cada vez que usted veía a un oficial de New Haven apresar a los traficantes de drogas, era como una película. Ellos ejecutaban sus emboscadas. Se lanzaban sobre los tipos».
Sólo cuando los traficantes se retiraban por un tiempo, le permitía la madre a de De Jesús salir a jugar fuera. Únicamente así. Él decidió que algún día le gustaría ser policía.
Primero se convirtió en mecánico. Además, trabajaba como agente de seguridad del puerto en Bridgeport. «Es un trabajo honorable» dijo sobre la reparación de vehículos. «Pero pensé que yo sería mejor como oficial policial». Hace dos años ingresó a la fuerza.
Entre las destrezas que afinó se cuenta una buena visión periférica. Mientras hablaba durante una entrevista en Starbucks, mencionó que había estado haciendo anotaciones mentales con el rabo del ojo sobre otros clientes.
Se le pidió describir a la mujer sentada a sus espaldas, escribiendo en la computadora, sin virarse a mirar. Es entonces cuando dio la precisa y detallada descripción referida al comienzo de este artículo.
Entonces se le solicitó el título del archivo que la mujer tecleaba. (Para el record, era «The Changing View of the Standard of Living Question in the US»).
No, De Jesús dijo que él no había visto las palabras en la pantalla. Después de todo el hombre es un policía. No un espía.










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