Ha sido una tragedia de inmensa proporción lo ocurrido en nuestro hermano país Haití. Todos debemos unirnos para tratar de contribuir con esta nación. Sabemos que tanto el sector secular como el cristiano a nivel mundial han respondido en forma diligente y responsable.
Estamos conscientes de que un terremoto es un evento de la naturaleza el cual es imposible predecir. Sin embargo, hasta cierto nivel, podemos controlar su impacto. Para clarificar mejor este último comentario, solo debemos aludir al terremoto de la misma magnitud ocurrido en el 1989 en la ciudad de San Francisco, California. En dicho terremoto solo murieron 62 personas y 12,000 quedaron desamparados. Pero en el reciente ocurrido en Haití han muerto más de 50,000 personas hasta el memento y la cantidad desamparados todavía se han podido determinar.
Una de las razones por la cual en el terremoto de Haití se han reportado cantidades desproporcionadas de personas fallecidas y desamparadas es porque las estructuras de las viviendas no eran adecuadas. Es aquí donde el papel internacional tanto secular como eclesiástico hubiera sido un factor positivo, el cual hubiera podido evitar millares de muertos.
El factor principal que responde a la carencia de estructuras que pudieran haber contenido la fuerza del terremoto fue la extrema pobreza de dicho país. Y está documentado que otra razón es el alto nivel de corrupción gubernamental existente. Es en este último aspecto donde la comunidad internacional ha permanecido indiferente, y como consecuencia, el pueblo ha pagado los costos de esta indiferencia
Tenemos que olvidarnos del viejo tabú de que la iglesia no debe intervenir con el gobierno. Sabemos que en muchas ocasiones los países se empobrecen porque los gobiernos no distribuyen los recursos en forma justa. Y en muchas ocasiones son las administraciones gubernamentales las responsables de la creación de tal condición. La pregunta es, ¿cómo la iglesia puede intervenir en países en los cuales se reflejan las ineficiencias gubernamentales y las injusticias? Ese sería el primer paso. De la misma forma en que las iglesias organizan ministerios para cubrir las diferentes necesidades humanas, de igual manera podría crear y entrenar personas que desempeñen esas actividades eclesiásticas tanto a nivel nacional como internacional.
Si los fondos y las ayudas que se han creado para cubrir los daños causados por el terremoto de Haití, se hubieran recaudado antes de la tragedia, y se hubieran utilizado para asistir al gobierno en la implementación de niveles apropiados de estructuras de viviendas, se hubiesen minimizados los efectos del telúrico.









Si Obama le hace caso a todo lo que dicen, no gobierna
Violencia Contagiosa
El Perú, su independencia y su porvenir 

En Arizona No Hay Racismo
Thierry Hendy se une a los Red Bulls
Uruguay… ¡ser campeón es cuestión de actitud!