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La Voz de Conneticut

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Dilema educacional: cuartos para gritar, o lugares para calmarse

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Hartford.- La actual situación de crisis que afecta a la comunidad escolar de la escuela Fall Hill Elementary del sistema escolar público de Middletown; ha sido expresada en forma vehemente  por dirigentes de su organización de Padres que se quejan de los gritos de niños alegadamente fuera de control y encerrados en cuartos aislados para que se calmen, pero cuyos chillidos interrumpen lo que debiera ser el ambiente tranquilo que tendría que primar en un establecimiento educacional. Lamentablemente esta no es una situación nueva en Connecticut y sobretodo en el sistema escolar de Hartfod donde la Hartford Transitional Learning Academy ha estado también en cuestión y bajo crítica en las ultimas décadas.
Sin embargo y a raíz del caso de la escuela elemental Fall Hill, será importante clarificar lo que son  los llamados “time-out rooms,” y los “screamimg room.” 
La diferencia entre ambas técnicas es importante para entender el dilema de los sistemas escolares frente al caso de niños que requieren de un espacio de tranquilidad para serenarse, reflexionar o calmarse del estrés que les produce el salón de clases; o aquellos niños con conductas altamente agresivas o impredecibles que deben ser aislados momentáneamente.
En el primer caso, la técnica del “time-out” es muy utilizada para ayudar a niños que se sienten frustrados por motivos académicos tales como la dificultad en una asignatura, por la fatiga, o por la intranquilidad producto de la ansiedad. Los maestros envían a estos niños a otro salón para completar su asignación, o simplemente por unos cinco minutos para que se tranquilicen.
Esta es la misma técnica que utilizan los padres cuando su hijo o hija está fuera de control y se les solicita irse a su cuarto para serenarse, lo cual usualmente sucede si la técnica es bien implementada con un sistema de puntos.
Sin embargo en los sistemas escolares públicos puede también haber estudiantes afectados por problemas emocionales o mentales que por su severa condición tienden a provocar serios conflictos verbales o hasta físicos con sus compañeros de salón.  Estos son casos psiquiátricos y usualmente hay una prescripción de medicamentos sicotrópicos (que pudo o no ser aceptada por los padres), y que en el plan educativo del niño o joven se ha incluido remover al estudiante alterado y fuera de control, y trasladado temporalmente a un salón aislado donde se le encierra hasta que se calme.
Este fue el caso de la criticada HTLA en Hartford que contaba con un médico siquiatra en el lugar, trabajadores sociales clínicos, salones con pocos estudiantes, guardias de seguridad, y maestros adiestrados para lidiar con la conducta de estos estudiantes.  HTLA era en si una institución siquiátrica que concentraba a jóvenes adolescentes cuyas conductas pudieran ser peligrosas para ellos u otras personas.  Como sucede en una institución de este tipo, el niño o adolescente debía ser a veces reducido físicamente y transportado en contra de su voluntad a los salones aislados hasta que se tranquilizaran o aceptaran comunicar sus sentimientos a trabajadores sociales.
En la actualidad existe una investigación en marcha en el distrito escolar de Middletown anunciada por el presidente de la Junta de Educación, Eugene Nocera para aclarar la preocupación de los padres y buscar una solución a la queja de niños que dicen estar asustados al escuchar los gritos de estudiantes obligados a permanecer en los salones “para calmarse.”
Las autoridades educativas de Middletown han dicho que ha habido un esfuerzo para cumplir con las regulaciones del Estado de Connecticut de regresar estudiantes que estaban en salones de educación especial a ambientes menos restrictivos, en otras palabras los salones de clases regulares.  Para ayudar en el proceso, el personal de educación especial se aumentó desde 7.5 personas a tiempo completo, a 19 individuos.
Lo que sucede en el vecino pueblo fue lo que aconteció y sucede en Hartford donde las autoridades están también lidiando con la tarea de proveer una educación justa a estudiantes altamente afectados por problemas mentales que requieren de medicamentos psiquiátricos y en ocasiones tienen que ser reducidos por los guardias de seguridad debido a sus crisis.
Las autoridades educacionales se encuentran enfrentando la disyuntiva de cómo lograr que estos niños y jóvenes con alteraciones emocionales y mentales sean incluidos en un ambiente escolar normal, sin que por otra parte, y como sucede en Middletown y ha sucedido en Hartford, los padres de otros estudiantes en educación regular sin problemas mentales; rechacen la presencia de estos niños con necesidades especiales dada la conmoción que provocan cuando se descontrolan y deben ser obligados a permanecer en el cuarto de los lamentos.
Una buena comunicación entre la administración y la comunidad escolar, además de conferencias que expliquen la ley de Educación Especial, podrían aclarar lo que sucede, aunque por ahora es algo tarde ya que el director de la escuela de Fall Hill cogió un periodo de ausencia de su puesto y algunos padres están solicitando el despido de tres funcionarios de la escuela.


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