Resulta esperanzador en estos tiempos de crisis financiera, apreciar como aquellas personas que trabajan fuerte, y satisfacen a los clientes; ven sus negocios crecer y prosperar.
Caminaba cabizbajo el otro día cerca de la escuela superior Bulkeley pensando en el futuro de la reforma educacional y los planes que hay para esa institución educativa de Hartford; cuando vi el letrero del restaurante Las Palmas. Interesado en explorar lugares donde se pueda comer bueno, bonito y barato; me acerqué, y noté una fila de clientes que con paciencia esperaban sus pedidos atendidos por Omar, su dinámico dueño.
Lo primero que me llamó la atención fueron unos bacalaitos que me llenaron el ojo, al igual que una carne guisada cuyo vapor se elevaba hacia el cielo mezclándose armoniosamente con el olor a arroz con gandules y una carne de pernil de lechón soltero que hizo que mi boca se hiciera agua y salivara mas que perro de la policía a los que dicen mantienen a dieta.
Curiosamente la gente que estaba en la fila esperando su turno conversaba animadamente y nadie parecía estar alterado por la espera ya que todo avanzaba rápido, y las conversaciones fluían en español como si hubiésemos estado en el Guabate en Puerto Rico.
En esos momentos fue que mis ojos vieron a mi amigo José que estaba acompañado de una jeva que no era su esposa y a la que sonreía con esa risita que le conozco cuando esta levantando.
De inmediato me hizo una seña para que nos sentáramos en una mesita cerca de la pantalla del televisor que mostraba una actuación de este muchacho Ricky Martin a quien la Comay está quemando en Puerto Rico por lo de sus recientes declaraciones declarándose gay exactamente al comienzo de la Semana Santa.
Finalmente conocí a Omar del que me habían hablado muy bien y al que solicité de inmediato una orden normal de bacalaitos, con arroz amarillo y gandules, guineos, y yautía. También le pedí un jugo de parcha para la presión arterial, y para que no me contaran le solicité a media voz una alcapurria que me prohibió el Dr. Rodríguez ya que el exceso peso me ha hecho subir la presión arterial que ya tengo más elevada que impuestos a la propiedad en Hartford, y debido a los rumores que hay en la alcaldía con eso de la demolición del Teatro Lyric cuyo terreno ocuparía una tienda gigante que mandaría a ajuste a todas los colmaditos del sector.
José con cara de seis chorreado y con los ojos brillantes, hablaba hasta con los codos con una nena que se parecía a la JLo y que estaría cerca de las 28 pepas. Para sorpresa mía, el gordiflón había pedido un trocito minúsculo de carne guisada y un muslo de pollo debido a que de acuerdo a él, estaba a dieta. Estas son solamente tretas que usa durante sus levantes y para impresionar a sus conquistas.
Comenzamos a hablar de las delicias que vendía el restaurante y todos alabamos la hermosura de la carne de lechón y el buen aspecto de la carne guisada.
“Es que usté no ha probado la sopa de mondongo del día sábado que yo vengo a solicitar cada vez que me recupero de una juma de maire,” dijo un comensal que tenía un diente de oro y que al sonreír, mostraba ciertos daños mayores en los incisivos inferiores.
Mientras saboreaba con amor la textura suave del bacalaito al que acompañé con una porción del arrocito con gandules, escuchaba el rapeo de José hacia la muchacha que se servía sin complejos unas papas rellenas que parecían enchapadas en oro y a las que acompañaba con un arroz blanco con pique.
La fila avanzaba rápido, pero más y más gente iba llegando, entre ellos algunos maestros con cara de agotados que pedían órdenes pa’rapido para llevar ya que en la escuelas solo les dan 20 minutos para el mastique. Yo me sentía culpable ya que al ser inspector de la ciudad, me tomo el tiempo que quiero.
Como estaba esta dama que después me enteré estaba divorciada, trabajaba para una radioemisora donde hay un energúmeno, y tiene dos nenes; no hablamos con José de los temas usuales tales como el próximo y anunciado juicio del alcalde cuyo jurado sería seleccionado en mayo. Digo “sería” ya que andan por los baños del municipio una serie de rumores de que tirará la toalla como Trinidad, ya que las evidencias sobran.
¡Vaya uno a saber estos líos en los tribunales! Por ahora no se ha anunciado ninguna vigilia.
La jeva se fue y se despidió de José con un besito en la mejilla que hizo brillar aun más los ojos de barriga que declaró el otro día que en el formulario del censo marcara como color “blanco.”
“Esto llama un siesta,” dije por decir algo, mientras salíamos disimuladamente del lugar ya que según me han contado, andan ahora detectives chequeando donde andamos y almorzamos.
Si usted quiere conocer a Omar y comer bueno y barato, vaya a Las Palmas, un lugar sencillo localizado allí en el 375 de la avenida Wethersfield, casi al frente de la escuela Superior Bulkeley. ¡Ah! cuando pida una orden, pídala chiquita ya que con la grande come usted, su esposa y la suegra.












Si lo vi, lo escuche o lo pude leer... te lo voy a contar pero que esto quede acá entre nos.
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