Para muchos, la recesión económica que nos legó George Bush y que está tratando de componer el presidente Obama, está refrenando la tendencia de los consumidores a comer en restaurantes; sin embargo en los que hay calidad, buena atención, cordialidad, y un buen cocinero; las cosas en vez de ir hacia atrás, continúan yendo hacia delante, no por ley física de la inercia, sino que por lo sabroso de los guisos y los precios módicos.
El otro día, y aun a la espera de la decisión del juez con respecto al informe del Gran Jurado que los abogados del Jefe quieren que se mantenga secreto, dizque, para no influir negativamente al jurado en el juicio que se llevaría a cabo, si es que los jueces, fiscales, abogados, jurados, periodistas, participantes de vigilias, opinólogos, y otros; no estén afectados por la influenza del cochinillo; en el mes de octubre de este año, cuando los rayos del astro rey van ya menguando y anuncian la llegada del frío y la lluvia, o sea la continuación de este verano.
Llegamos al lugar localizado en la calle Franklin con José, y el gringo Frank que dice que habla español, y como yo estaba saliendo de los efectos de una bebelata en la Casona, lugar donde se efectuó la primera donación de sangre y alcohol para la Cruz Roja; pedí enseguida una fría y un amable mozo me trajo un menú que me pareció brutal. Como estamos en plan de ahorros y la simpática señorita que nos atendió gentilmente nos vio la cara descompuesta de empleados subalternos del municipio pagando los estudios de sus hijos en la universidad; nos sugirió con voz dulce, los “mini-menús” que preparan todos los días a precios módicos.
A mi me pareció perfecto ya que estoy en plan de dietas y en agosto me debo hacer un examen a los intestinos con la camarita y la manguerita.
José que no se cuida pa’na, pidió enseguida y en forma impulsiva uno de esos churrascos que echan humo y que acompañan sabrosas porciones de arroz blanco con tostones. El gringo que anda triste porque la novia boricua lo envió a freír monos por cargoso; pidió otra fría para animarse, y unas deliciosas arepas rellenas acompañadas de ensaladas, y más tostones.
Yo, buscando lo económico, me matriculé con un llamativo guiso que aparecía en el menú con el nombre de “mini asopao” de cola de res, que me habían contado resucita muertos, arregla el ánimo después de libaciones frecuentes el día anterior, y ponen a uno romántico con la esposa.
Este asopao, y como su nombre lo indica es espeso, viene con trozos de vianda, y en el plato sobresale una enorme vértebra del buey o toro, según lo haya decidido el destino.
La verdad fue que a la primera cucharada, recobré de inmediato la energía perdida la noche anterior y me vi en la obligación de pedirle a la señorita otra fría para aclararme la garganta. Con paciencia, fui despojando a la vértebra de la carne que me pareció sabrosa y esponjosa, como un bistec de lengua..
¡Cuál no sería mi sorpresa cuando a pesar de mi propósito de no cargar mucho la bolsa, apareció un mozo y me puso al lado otro plato con más cola de toro, ensaladas y una orden de arroz con tostones!
“Esto es lo que acompaña al asopao,” me dijo y yo me vi en la agradable obligación de entrarle al nuevo plato que no me esperaba ya que con el asopao era más que bastante. En otras palabras comí de vicio.
Motivados por las frías, y como era viernes, seguimos conversando con los muchachos acerca de lo que podría suceder en el municipio. José que apoya al alcalde en un 100%, es de la opinión que el Jefe demostrará una vez más su capacidad para lidiar con crisis y usar las estrategias del abogado Santos para esquivar la difusión del libraco de la investigación y evitar que el publico se entere de los detalles de las jugadas de los estacionamientos.
El gringo dijo ya medio tartamudo por la tercera fría, que tanto se le ha echado agua a la jarra que ya se está escurriendo. Me dijo que ese dicho que yo pensé habían inventado los castellanos en el año de las guácaras y cuando Matusalen iba a Kindergarten, se usa también en la lengua de Che Kespeare, es decir en inglés y que es más viejo que el frío. Dicen que hasta lo utilizaba Hamlet refiriéndose al pesado del cuñado que lo fastidiaba mucho por lo de Ofelia.
Yo, a este punto estoy confundido, y como soy pancista, lo único que se decir es que sería bueno que esta situación termine de una vez por todas, no como el lío en Honduras, donde los militares sacaron al presidente en calzoncillos de su cama y lo enviaron al exilio; sino que de una forma más apacible, como una jornada en La Fonda.
Más animados y semi optimistas, nos dirigimos después de la comelata al área del bar y allí entablamos conversación con otro gringo al que le gusta comer bueno y le encantan las colombianas.
Vaya en confianza con su familia y sus amigos papeadores a este restaurante con ambiente familiar y si quiere ahorrar, déjese caer por allí a la hora de almuerzo y aproveche los mini especiales que no son tan minis, pero que son baratos, sustanciales y contundentes. Dígales que va de parte de La Voz, y le tratarán muy bien.












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