Le llamaron el “combate del siglo” y se celebró el 8 de marzo de 1971 en el Madison Square Garden. Frente a frente nada menos que el retornado Cassius Clay, ya convertido en Mohamed Ali, y el invicto Joe Frazier. Fueron 15 asaltos sin respiro. El ex campeón perdió, pero en aquella noche de hace 40 años se prometió que volvería a la cima del mundo.
Mohamed Ali se dejó algo más que su nombre real, Cassius Marcellus Clay, en el Madison Square Garden el 8 de marzo de 1971. Su caída en el décimo quinto asalto definió la pelea a favor de Joe Frazier y los aficionados supieron que aquel ya no era el asombroso púgil de años atrás, el que se proclamaba “el más grande del mundo”.
¿Y el eléctrico juego de piernas que desorientaba a sus rivales? Ya no existía. Fue toda una lección para un boxeador acostumbrado a ser el centro de atención y el que se le seguía identificando más como Clay que como Ali.
Había regresado a los cuadriláteros el 26 de octubre de 1970 después de casi tres años de suspensión por haberse negado a incorporarse a filas y marchar a la guerra de Vietnam. “A mi no me han hecho nada esos del Vietcong”. Una frase que le costó también el título mundial.
Tenía entonces 28 años, vividos a un ritmo frenético desde que se puso los guantes con sólo 12, seis antes de conquistar el oro en los Juegos Olímpicos de Roma, a los que siguió el título mundial a los 22. Era el 25 de febrero de 1964 y Sonny Liston el que sucumbió a su hipnótico juego de piernas, a su desparpajo provocador y a su velocísima pegada. Fue también el año en que se convirtió al Islam y abandonó su nombre de “esclavo” para rebautizarse como Mohamed Ali. Un paso que fue juzgado como una extravagancia más del egocéntrico campeón.
Que Ali había perdido la fuerza y el ritmo que tenía antes del castigo se comprobó en el combate contra Bonavena, el rocoso argentino de los pies planos.
Antes del combate, Bonavena se había atrevido a provocar a Ali llamándole “gallina” en un intercambio verbal durante el examen médico y dirigiéndose a él con el nombre original, en lugar del nuevo de Mohamed Ali, un comportamiento que irritaba sobremanera al boxeador estadounidense, que llevaba muy adentro su conversión al islam y su nueva identidad. “¡Yo soy Mohamed Ali, el más grande!”, repetía con orgullo y convicción. “¡Tú eres Clay!”, le respondía Bonavena.
“En la segunda etapa de su carrera, Clay estaba muy motivado por sus creencias religiosas y tenía muy arraigado el sentimiento de que peleaba por millones de personas de todo el mundo, no sólo por él”, explicó su biógrafo Thomas Hauser en una reciente conversación con los internautas en la página web oficial del púgil.
A Jerry Quarry le batió sin dificultades –KO técnico en el tercer asalto-, pero Bonavena fue harina de otro costal. El argentino era un tipo duro y no sólo le aguantó los 15 asaltos, rompiendo el pronóstico de Ali de que iba a noquearle en el noveno, sino que logró, con un gancho de izquierda, que el estadounidense hincara la rodilla en la lona precisamente en ese round, aunque sin mayores consecuencias.
Ali ganó por KO técnico en el décimo quinto asalto y “Ringo” se volvió a Argentina.
“EL COMBATE DEL SIGLO”.
Clay estaba listo para medirse a Frazier, el campeón invicto de la pegada maciza, en una noche de lunes que esperaba le devolviera a la cima del mundo, a convertirse de nuevo en el más grande. Y el ambiente le animaba. Nada menos que el “combate del siglo”, una pelea a 15 asaltos, cada púgil con una bolsa de 2,5 millones de dólares, las cámaras de televisión y de fotografía listas para inmortalizar su nueva hazaña, la que iba ratificar que el “rey” estaba de vuelta.
Pero Frazier también tenía una fe ciega en su éxito. Le avalaban las 26 peleas sin perder. Clay llegaba con 31 peleas y todas ganadas. Y una leyenda por reafirmar.
Como era habitual, Ali se dedicó a provocar a su rival con declaraciones pasadas de tono en los días previos al combate. “Joe Frazier es demasiado feo y tonto para ser campeón”, decía el boxeador de Louisville, de cuya forma de pelear se afirmaba que se movía como una mariposa y picaba como una abeja.
Y Ali intentó aplicar su método de siempre: rehuir la fuerza y el ritmo de Frazier, bailar alrededor de él y usar su rapidez para golpear. La pelea se desarrolló con superioridad alterna hasta que en los últimos cuatro asaltos, Frazier asumió el control y barrió a su oponente. Un gancho de izquierda que derribó a Ali en el último asalto inclinó definitivamente el resultado a su favor.
Ali “el más grande” había perdido. En las declaraciones del día siguiente, pareció haber aprendido la lección: “Yo no soy el campeón, Joe es el campeón. Yo le llamo ahora campeón”.
En la habitación de su hotel, Ali ya piensa en la revancha. “La próxima vez será diferente”, dice el ex campeón, según relata el periodista Hugh McIlvanney en su libro “The hardest game”.
El momento llegó el 28 de enero de 1974 en el Madison, donde Ali derrotó a Frazier por puntos en 12 asaltos, un triunfo que le dio la oportunidad para pelear por el título y reconquistarlo en la famosa pelea que ganó por K.O. en el octavo asalto a George Foreman en Kinshasa (Zaire) el 30 de octubre de 1974.
La rivalidad entre Clay y Frazier no había terminado y el uno de octubre de 1975 protagonizaron en Manila uno de los combates más sangrientos de todos los tiempos. Una pelea a quince asaltos que Ali venció por K.O. técnico en el penúltimo después de un brutal intercambio de golpes.
“Fue lo más cercano a la muerte que he conocido”, admitió Clay, que meses más tarde tenía en perspectiva otra revancha interesante contra Oscar “Ringo” Bonavena. Pero la muerte sí se hizo presente en este caso.
El 22 de mayo de 1976, Bonavena fue asesinado de un balazo de escopeta en el pecho, disparado por Williard Ross Brymmer, empleado del organizador de combates y propietario del burdel “Mustang Ranch”, de Reno, Joe Conforte. Los restos del boxeador del barrio de Boedo fueron despedidos por unas 150.00 personas en el Luna Park de Buenos Aires. Hasta el genial Jorge Luis Borges comentó que al púgil “fue a llorarlo más gente” que a Juan Domingo Perón, el tres veces presidente argentino fallecido dos años antes.
La cara y la cruz del boxeo, un escenario que Mohamed Ali, antes Cassius Marcellus Clay, conoció como ningún otro boxeador en la historia de este deporte.
Por Nemesio Rodríguez
EFE REPORTAJES.








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