sábado, 19 may 2012

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La Voz de Conneticut

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Republicanos se acercan a una decisión

Las campañas electorales siguen en sus buenas, tanto en Estados Unidos como en Francia (Sarkozy, que parecía muy amenazado hace un par de meses, lo está cada vez menos), aunque realmente la que más interesa en todas partes es la norteamericana.

Baste con ver los titulares de los medios de prensa de todo el mundo acerca de los resultados de los debates entre los aspirantes Republicanos para constatarlo. En ese festival, unos llegan, suben, bajan y desaparecen en el firmamento del favor popular de los seguidores de ese partido.

De todos esos aspirantes, el que mejor se mantiene es Mitt Romney el ex gobernador de Massachusetts, ex liberal y nadie debería dudar de que con tal de conquistar la nominación, se convierta también en ex mormón (es miembro de esa iglesia y en algún momento hasta ejerció de pastor), dadas las reservas de los electores de convenciones Republicanas con esa tendencia religiosa a la que muchos consideran secta y no iglesia.

Ya John McCain, senador de Arizona y ex candidato a la presidencia, tuvo que dejar de lado algunas de sus más íntimas convicciones personales para poder mantenerse como senador y no perderlo todo después que Obama le derrotara. Eso fue resultado de una dinámica que aún se mantiene y es actualmente la prevaleciente en las masas Republicanas más activas políticamente: el “liberalismo” de gente como McCain (y de Romney) fue el que permitió que Obama se convirtiera en presidente de Estados Unidos.

Por supuesto, esos grupos no llegarán tan lejos como para reprocharle a Obama su color, pero probablemente muchos de ellos, sin decirlo, lo piensan. Pero quizás eso no sería lo peor si, además de negro, Obama no fuera “socialista”, que es como hablando muy en serio, le catalogan los seguidores del movimiento Tea Party, actualmente en “sleeping mode”, pero presto a lanzarse de nuevo al ruedo desde que se decida quién será el candidato Republicano.

El Tea Party se ha desinflado algo últimamente debido a la poca simpatía generada por sus favoritos a la investidura Republicana. Eso ha sido resultado quizás de que en el fondo los electores Republicanos tampoco están dispuestos a perder totalmente su oportunidad de recuperar la Casa Blanca por estar coqueteando con extremistas y excéntricos, que son los preferidos en el Tea Party.

Para el proyecto reeleccionista de Obama naturalmente lo preferible sería que los Republicanos perdieran completamente el norte y escogieran a uno de esos personajes, pero eso finalmente no va a ocurrir. Baste con ver que en una de sus últimas reuniones primarias, el aspirante más ecuánime de todos (en realidad ex aspirante pues ya se retiró), Jon Huntsman, que fue exitoso gobernador de Utah y luego embajador de la actual administración en China, reprochó a sus rivales que el discurso extremista “era causa de la división entre los norteamericanos”. Sorpresivamente esas palabras provocaron un aplauso estruendoso de parte de un público que se suponía más afín a los disparates de algunos aspirantes que a palabras de buen sentido.

Esa reacción natural explica que movimientos como el Tea Party hayan perdido parte importante de su encanto, pero no es la única. Estando en estos días el debate centrado en torno a los aspirantes Republicanos y dada la poca propensión de estos a referirse al adversario principal, que es Obama (el único que se ocupa de recordarlo es el mismo Romney) el Tea Party tiene poco que hacer y esperar que se decida quien llevará los colores Republicanos. Lo que no es seguro que su activismo sea igual para una Michele Bachman que para un Mit Romney.

Entretanto, el presidente Obama puede prevalerse de algunas notas optimistas en el área que más interesa al norteamericano promedio: la economía, con una reducción del desempleo y un crecimiento económico que, sin ser espectacular (como los de China o Brasil), puede ayudar a Estados Unidos a mantener su supremacía así como la del dólar, frente a un euro que a sus diez años ha ido perdiendo parte de su empuje inicial.

Además, en otra área importante, la de promesas hechas para ser electo hace tres años, la administración ha anunciado cambios en las reglas que afectan el reagrupamiento familiar de los residentes legales en Estados Unidos. No llega tan lejos como una reforma migratoria, que él no pude hacer sin el concurso del Congreso, pero sí lo suficiente para hacer menos larga la natural angustia de familias separadas por reglas burocráticas. Con esa iniciativa, el presidente Obama puede ir afirmando la tendencia, que ya le favorece, de un electorado hispano, prefiriéndole por encima de cualquiera de los Republicanos que sea escogido para enfrentarle.

De todas maneras, se supone que quien sea designado en el partido Republicano para enfrentarle, deberá rápidamente comenzar a enmendar todo el daño que se han hecho los aspirantes con sus posiciones extremas en todas las áreas, incluyendo por supuesto con el asunto de los inmigrantes. Lo que es dudoso es que después de todo lo que han dicho, el tiempo les alcance para reponerse frente a ese segmento del electorado. A menos que sigan pensando que solamente se puede ser electo presidente de Estados Unidos en las presentes circunstancias, por oponerse a Obama y por contar con el voto de los sectores más recalcitrantes de la sociedad norteamericana.

 


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