La UNESCO si se atrevió a dar el paso de reconocer a Palestina como miembro pleno de ese órgano subsidiario de la ONU. Pero por el momento viene siendo algo así como un “premio de consolación”, una vez que el intento palestino de reconocimiento por parte de la ONU sigue tropezando con inconvenientes donde “se cocinan las habichuelas”, es decir, en el Consejo de Seguridad.
Para la UNESCO, que está compuesta por los mismos países que componen la ONU, el gesto le comienza a salir caro, ya que Estados Unidos y Canadá le han retirado fondos importantes para su funcionamiento. Para los propios palestinos la penalidad puede ser mayor ya que en el Congreso norteamericano reposa una amenaza, sustentada por congresistas de ambos partidos de congelar los millones de dólares anuales que Estados Unidos acuerda a programas que favorecen a los palestinos.
Estados Unidos estaría incluso obligado a retirarse de toda agencia que reconozca a Palestina sin que medie un acuerdo previo de paz con Israel; eso está amparado en una ley y al menos eso esperan los más ultras dentro del gobierno israelí y sus aliados más tenaces dentro del estamento del poder en los Estados Unidos. Naturalmente, las cosas no pasarán de esa manera, pero el hecho de plantearlo es un irritante que contribuye al distanciamiento entre la administración norteamericana y los actuales gobernantes israelíes.
Derrotar a los más fuertes (en este caso Israel) no es tarea fácil; los recursos son muchos y variados y aunque en algún momento todo esto se le agota a cualquiera, todavía no ha llegado el momento. Por eso, a la iniciativa del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, ante la Asamblea General de la ONU, Israel respondió abrumadoramente, haciendo un acuerdo con los Hamas (mientras ha hecho todo lo imaginable para no negociar con la AP) y resolviendo un problema de alta carga emocional dentro de Israel; la liberación de un soldado que Hamas, con audacia secuestró hace cinco años y con habilidad mantuvo fuera de las antenas del poderoso MOSSAD (servicio secreto israelí).
Para los dirigentes israelíes lo que cuenta (como para los norteamericanos) es su propia opinión pública y luego va la otra, la internacional. El israelí promedio abriga serias dudas de que se pueda lograr un acuerdo duradero negociando únicamente con la OLP-AP. Es que ya existe un funcional modus vivendi entre Israel y la AP. Formalizarlo mediante un acuerdo solamente “legaliza” lo que de hecho ya existe y que contiene una de las principales reivindicaciones israelíes, a saber, que se les reconozca el derecho a la existencia.
El actual tranque en las negociaciones entre Israel y la AP/OLP, en torno a las construcciones ilegales en los Territorios Ocupados en cierta forma es simplemente una distracción porque, como demostró la reciente negociación entre el estado judío y Hamas, cuando es preciso los pruritos se engavetan. Entretanto, una de las resultantes del acuerdo Israel-Hamas es que la AP/OLP se da cuenta de que, efectivamente, si se quiere que los palestinos tomen en serio el esfuerzo de Abbas en la ONU, lo que primero procede es trabajar en el sentido de la unidad en torno a las dos principales componentes del pueblo palestino. En esa dirección, ya se anunció un encuentro entre Abbas y el jefe de Hamas, con el propósito de buscar la unidad de ambos gobiernos.
En las presentes circunstancias, el presidente de la Autoridad Palestina no dispone el suficiente espacio como para dejar que la corriente siga su curso. Pero la perspectiva de que pasos simbólicos como la aceptación en la UNESCO se traduzcan en cambios perceptibles para los palestinos, por mínimos que sean, es preferible a quedarse completamente con las manos vacías en el Consejo de Seguridad, algo que presumiblemente ocurrirá por el anunciado veto norteamericano (quizás acompañado del veto británico). Es más, para Abbas sería ese un mejor resultado que el rechazo por no lograr el número necesario de votos.
Lo que es obvio es que pese a la espectacularidad de su iniciativa ante la ONU, Abbas ha sido relegado parcialmente por el acuerdo entre Hamas e Israel. Es que un rechazo en el Consejo de Seguridad no era solamente lo esperado, sino que el mismo daba argumentos para el arsenal de la AP/OLP. Ahora, ese resultado, por esperado que fuera, se constituye en elemento mayor de debilidad para la AP. Su iniciativa solamente genera rechazo, sino que al mismo tiempo, pese a todas las concesiones hechas a Israel, no hay manera de que se reanuden unas negociaciones que, de todas maneras, actualmente son consideradas como una mera pérdida de tiempo.
Y como si fuera poco, Hamas termina mostrando una mayor capacidad negociadora que la OLP, sin ceder en lo esencial, que es el reconocimiento del derecho de Israel a existir. No hay que ser mago para imaginarse lo que piensa “la calle” dondequiera que hay palestinos. Eso indicaría un fortalecimiento del belicismo entre los palestinos, pero en realidad estos están tan hartos como el que más de la situación en que viven desde hace más de 60 años. De manera que la valoración de Hamas no es porque tenga mayor disposición para “candelear” a Israel, sino porque sus métodos son más eficaces, aunque sea para que haya menos palestinos presos en cárceles israelíes.








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