Del presidente Chávez todavía no se sabe cuán es frágil es su salud, pero el hombre se siente suficientemente fuerte, sobre todo políticamente, para pasar a prescindir de la obligada visita a los hospitales cubanos para tratar su grave problema de salud. Naturalmente, como siempre pasa en circunstancias similares (“eso le pasa a las mejores familias”) su enfermedad ha despertado una ola de solidaridad a la que ni siquiera escapan sus propios adversarios venezolanos. Es que los factores culturales son respetables y en nuestros pueblos, a los enfermos se les trata con cuidado.
A estas alturas ni el propio Chávez está seguro si será el candidato a derrotar en las elecciones presidenciales de 2012, pero entretanto sigue siendo el presidente y venezolanos y extranjeros tienen que seguir lidiando con él, les guste o no. Ya se sabe que los norteamericanos prefieren no interactuar con Chávez, porque nada pueden decir que coincida con él y cada vez que abren la boca, son misiles los que lanza el presidente venezolano.
Pero dado el relativo poco interés que manifiestan Estados Unidos por los asuntos de la región, eso no cuenta mucho. Es que los norteamericanos, que ya tienen varios expedientes más que complicados en el mundo (Afganistán, Irak, Irán, Medio Oriente y quizás próximamente Libia) mantienen un bajo perfil hacia una región de alta animosidad hacia ellos, pero de baja beligerancia.
Sí interesa en la región, en especial en Colombia lo que Chávez haga o diga. El presidente de ese país, Juan Manuel Santos ha dejado ver claramente, en los más variados escenarios, que una de sus prioridades es mantener buenas relaciones con Venezuela. Por eso Santos, sin llegar al extremo de afeitarse la cabeza, probablemente que ha mandado a “hacer un trabajo” que ayude a Chávez a superar sus dificultades de salud.
La marca que dejó Uribe, para la historia por supuesto, fue la de utilizar buena parte de los recursos a su alcance para combatir a la guerrilla de las FARC y el ELN. Ciertamente que esos grupos, especialmente las FARC, le facilitaron el trabajo dedicándose a acciones que entran perfectamente en el terreno criminal, erosionando una buena parte de su base de apoyo.
Alguien no entendió bien lo que la época determinó: 1) o la gente de las FARC, perdiendo una buena oportunidad de insertarse definitivamente en la sociedad colombiana que mayoritariamente rechaza sus métodos; 2) o los estamentos que desde fuera de la guerrilla la apoyaban y decidieron no integrarse a las “nuevas formas de lucha” (secuestros, asesinato selectivo de elementos considerados enemigos, etc.). El hecho de que las bandas paramilitares estuvieran integradas básicamente por asesinos de campesinos, no podía servir de justificativo para los grupos guerrilleros competir en ese detestable terreno.
Los grupos tales como FARC y otros, se encuentran pues debilitados y bastante aislados, pero eso no es suficiente para que el Estado, con todos los recursos militares a su alcance, le pueda poner fin. Ya la experiencia Uribe efectivamente demostró que con la fuerza no se resuelve lo esencial del problema. Santos está obligado a ser creativo y esa creatividad pasa necesariamente por la negociación. En buena medida es la aplicación de la vieja máxima: “si no puedes derrotar a tu enemigo, conviértelo en tu aliado”.
Es ahí donde el papel de Chávez, que siempre ha sido importante, lo puede ser más. No es que el presidente venezolano forme parte de las FARC o tenga alguna voz en sus decisiones. Pretender tal cosa es hacerle juego a las caricaturas acerca del funcionamiento de esas estructuras. La gente de las FARC respetan a Chávez, porque aunque éste no comparte buena parte de su táctica, les respeta el espacio y cuenta con la ventaja de que, como no es un movimiento venezolano, Chávez tiene la libertad de mantener distancia frente a ese grupo u otros similares. Aunque ha hecho algunos gestos amistosos hacia Colombia (con la entrega de algunos guerrilleros), lo más probable se ha debido a que los afectados “se pasaron” abusando de la solidaridad, oficial o privada de Venezuela.
Santos tiene que seguir insistiendo en una solución negociada para el conflicto colombiano. Según las fuentes de ese país, no se sabe exactamente lo que piensan los mandos de las FARC en torno a ese proceso de negociación. Algunos golpes favorables que han realizado en las últimas semanas pueden llevar al grupo a malinterpretarlos y pensar que la correlación de fuerzas ha cambiado a su favor, cuando en realidad se trata de “más de lo mismo”: una vez reciben golpes y de vez en cuando dan alguno.
En ese contexto es que Chávez es importante, porque a Venezuela no le interesa distraer recursos cuidando más de la cuenta su frontera con Colombia, de la misma manera que tampoco le conviene afectar el fluido comercio que tiene lugar entre los dos países en esa zona.
Es un proceso largo y complicado. A Santos le interesa en sumo grado poderlo hacer avanzar porque su impronta no debe ser una “Uribe bis”, sino diferente, más cercana a la paz y a la eliminación de esos focos armados que en una época tuvieron su razón de ser y cuyos líderes no se han dado cuenta que ya esa rueda dio su vuelta entera y ahora, como han demostrado Chávez, Correa, Evo, Lugo, Funes, el camino que fue de la insurrección, pasa por la voluntad popular expresada en otro terreno.








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