En los próximos días se espera que la Liga Árabe presente la candidatura de Palestina a ser aceptada como miembro pleno de la ONU. Se espera porque todavía los palestinos quieren dejar un resquicio por el que se pueda filtrar la sensatez de quienes en Israel siguen creyendo que la mejor solución es aquella que reconoce los derechos de palestinos e israelíes y sirve de base para negociaciones realmente sustantivas, con compromisos de buena fe de parte y otra, garantizados por los centros de poder que pueden efectivamente influir en esa dirección.
Ha trascendido que la dirección de la Autoridad Palestina todavía no ha decidido si se va a lanzar a la prueba mayor, a saber, solicitar la membresía plena a la ONU, con el riesgo de que el intento perezca frente a un veto norteamericano en el Consejo de Seguridad o si, cediendo a las presiones/peticiones norteamericanas y de algunos países europeos (se habla sobre todo de Alemania), se limiten a solicitar el reconocimiento y pasar a ser de “organización observadora” a “estado observador”.
Desde el año 2010 los palestinos están “maduros” para ser reconocidos como un estado. Esa premisa fue respaldada por el “Cuarteto” para el Medio Oriente (Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y la ONU y por un informe emitido ese mismo año por el Banco Mundial y en el 2011 por FMI. El proceso tiene tres etapas: 1) Se somete la solicitud al Secretario general, quien la envía al Consejo de Seguridad y una copia de cortesía a la Asamblea general. 2) El Consejo estudia el caso y si nueve miembros aprueban, sin ejercicio del veto, entonces se envía a la Asamblea General donde se somete a votación, requiriéndose dos tercios de los votos favorables, es decir 129 de los 193 miembros que ahora tiene la ONU.
Actualmente 120 estados reconocen a Palestina y se piensa que podrían contar con 130 votos, pero eso está por ver al momento de la votación, si es que esta se produce. Al menos en lo que a ser miembro pleno de la ONU se refiere. En ese sentido, los palestinos tendrían la opción, como han sugerido algunos de los países que apoyan la reivindicación palestina, de recurrir a una de esas tantas regulaciones heredadas de la Guerra Fría, como la 377ª, que se inventaron los norteamericanos para obviar el veto soviético en el Consejo de Seguridad. Esa resolución permite que la Asamblea general se ocupe directamente de algún tema, si el Consejo no logra tomar una decisión. Ese no sería el caso en esta ocasión pues si Estados Unidos veta lo de la membresía, el Consejo sí estaría tomando una decisión.
De cualquier manera, nada asegura que los palestinos estén en una vena tan combativa en torno a su reconocimiento en la ONU como para indisponerse con los norteamericanos y posiblemente con uno que otro país importante de la Unión Europea. Más les convendría probablemente, acceder al estatuto de estado observador que tiene la Santa Sede, y abrir un nuevo espacio para la negociación con Israel, contando con un apoyo mayor de Estados Unidos y de la Unión Europea frente al estado judío. Además, y esa es una estrategia “confesa’ de los palestinos, presionar para que la ONU, aún sin concederle el estatuto de miembro pleno, recomiende a los demás países miembros, que reconozcan al estado palestino.
Con esa pragmática actitud los palestinos, al ampliar el espacio para la negociación, “colocan el balón” en el lado israelí, cuyo gobierno obviamente no está interesado en negociar nada, sino simplemente seguir ganando tiempo y dejando a otros la responsabilidad de garantizarle a los palestinos una nación y a los israelíes las bases de una paz duradera y su propia seguridad. Esa es una responsabilidad de Israel.
Naturalmente, para Israel no se trata solamente de que la ONU tome una medida simbólica de reconocimiento de un estado palestino. Es que una vez se produzca ese reconocimiento, Israel no estaría ocupando un territorio sin soberanía sino otro estado y eso sí cambia la ecuación. Esa circunstancia, nueva, permitiría a los palestinos ya no solamente esgrimir el argumento político, sino incluso el legal ante los organismos internacionales.
En cuanto a la dirigencia palestina, su responsabilidad mayor no es solamente obtener alguno de los reconocimientos buscados en la ONU, sino convencer a los palestinos, donde quiera que estén, de que esa diligencia puede contribuir a acortar su larga “travesía en el desierto”. Algo que no es seguro dado el escepticismo con el que los palestinos han venido observando, a lo largo de varias generaciones, la incapacidad de los organismos internacionales, a comenzar por la ONU, para producir resultados que no sean los relacionados con las operaciones de socorro y ayuda a los refugiados.
En todo caso, si los palestinos no obtienen todo lo que desean en septiembre próximo en la ONU, algo sin duda conseguirán y lo que sea es parte de una victoria, a la cual todos los países que ya reconocen a Palestina deben estar asociados. Para Israel sería más difícil alegar que haber impedido, gracias al veto norteamericano, que Palestina fuera aceptada como miembro pleno, es una victoria, ni siquiera parcial. En ese esquema, antes de septiembre Israel se las tenía que ver con una organización, ahora tendría que vérselas con un estado reconocido








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