martes, 07 feb 2012

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La Voz de Conneticut

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Corea del Norte actúa como “chivo sin ley”

Al Consejo de Seguridad se le ha criticado por no haber condenado el hundimiento de una nave militar surcoreana, que dejó 46 marinos muertos. Se alega que la acción fue llevada a cabo por un torpedo norcoreano. El Consejo condenó el hecho, pero sin señalar culpables. Ahora la Asociación de Estados del Sudeste de Asia, se acaba de pronunciar sobre el hecho, calificándole de “incidente deplorable”, pero si apuntar el dedo en dirección de nadie. Los intereses de países o grupos de países pesan demasiado para estar haciendo acusaciones directas contra nadie.
El hundimiento del buque surcoreano ha sido considerado suficientemente grave por los Estados Unidos que en el calor de la indignación decidió organizar ejercicios militares con Corea del Sur, destinados a advertir a Corea del Norte que si ataca a su vecino, se encontrará de frente con ellos. Algo que no resultará difícil ya que de todas maneras casi 30 mil soldados norteamericanos están estacionados en permanencia en Corea del Sur. Corea del Norte amenazó con “responder a la provocación” de los ejercicios militares, pero finalmente optó por no hacer nada, solo observar.
Es una situación bastante particular la de estos dos países, donde vive el mismo pueblo, hablando el mismo idioma y con rasgos culturales originalmente muy similares. Claro, después de más de 50 años de separación casi absoluta, un coreano del sur y otro del norte no tienen tanto en común, aún en el caso que sean de la misma familia, lo que es habitual.
Las dos Coreas siguen estando formalmente en guerra pues nunca se firmó documento alguno que pusiera oficialmente fin al conflicto que duró de 1950 a 1953. Por eso existe una zona desmilitarizada, donde cada mediodía se reúnen representantes militares de Corea del Norte con una comisión conjunta de militares norteamericanos y surcoreanos, a intercambiar acusaciones y de vez en cuando también insultos. Es una manera económica y efectiva de aliviar tensiones verbalmente, sin llegar a otros hechos.
De tiempo en tiempo ocurren incidentes y como es lógico en ese tipo de situaciones nunca se sabe quien empezó. Aunque los norcoreanos recelan de los norteamericanos pues como en ese país no pasan muchas cosas, el episodio de la captura por la marina norcoreana de un barco espía de Estados Unidos en el 1968, seguramente sigue siendo comentado y analizado como si hubiese ocurrido en estos días y no hace más de 40 años.
La actual tensión reposa, como se ha dicho, en el incidente con el torpedeado barco surcoreano, pero dentro de la misma Corea del Sur se pone ahora en entredicho la certeza de si efectivamente las cosas ocurrieron como lo anunciara el presidente surcoreano. Los suecos alegan que lo único seguro es que el torpedo es de manufactura norcoreana, pero no hay pruebas de quién lo lanzó. Los escépticos se apoyan en la ambigüedad de la declaración del Consejo de Seguridad.
Pero en el Consejo no hubo tal ambigüedad, es que China se opuso a cualquier acusación directa a Corea del Norte. No precisamente por simpatía particular hacia la dictadura monárquica norcoreana. Es probable que los chinos, integrados al mundo como lo están, entiendan mal el anacronismo de su vecino. Pero la realidad tiene para China otra cara: de un éxodo masivo de norcoreanos hacia su país si las cosas escapan al control de Kim Jong Il, de su aparato burocrático o si su heredero fracasa en tomar el relevo que ya él mismo tomó de su padre, el legendario Kim Il Sung.
Una de las armas principales de que dispone Corea del Norte es la seguridad que tiene todo el mundo de la imprevisibilidad de su liderazgo. Y, como se dijo, de la solidaridad de China, país al que no le interesa en lo más mínimo tener a los norteamericanos tan metidos en su área de influencia. Como se ve, esa podría ser la razón esencial por la cual los chinos están tan renuentes. No por la percepción tan extendida en algunos medios de que “amigos en las malas y amigos en las buenas” para explicar la consistente “solidaridad” china con Corea del Norte.
Los chinos son demasiado pragmáticos y lo están pasando “la mar de bien” con su famoso sistema dual de “un estado y dos sistemas”, lo que les permite, desvergonzadamente, poner a su clase obrera a trabajar para consorcios capitalistas (muchos de ellos de Taiwán, “la provincia rebelde”) por salarios muy bajos y sin derecho a la protesta. Al menos así era el esquema inicial. Pero como no se puede “jugar con candela” impunemente, hasta en eso han cedido los dirigentes chinos y ahora sus trabajadores ganan mejores salarios y hasta se hacen “la vista gorda” cuando estalla por allí o por aquí alguna huelga de protesta.
¿Qué puede tener de común esa China con un régimen tan atrasado como el norcoreano? Sus intereses y sus relaciones futuras están por otro lado y en ese marco, si Corea del Norte explota, resultará en los hechos, que China y Estados Unidos prácticamente ¡compartirán fronteras! Por eso a los chinos les disgustan tanto los ejercicios militares que tienen lugar ahora entre Estados Unidos y Corea del Sur. Y le preocupan aún más las tensiones a repetición de los norteamericanos y Corea del Norte. Al final de la película, a lo mejor todo termine en una negociación directa entre Pekín y Washington. Si ya una vez ambos se aliaron contra la URSS ¿quién quita que no lo hagan ahora para no tener que pelear?


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JUAN DANIEL BRITO

Una colección de textos poéticos y narraciones en la que describe el efecto que tiene en la conciencia del escritor, el ser testigo de un momento en la historia del planeta en que todo parece concluir y cuando las palabras “definitivamente,” e “irreversible,” son rechazadas por las personas a través de múltiples mecanismos de negación; pero siguen presentes cada día a través de los intensos fenómenos sociales, espirituales, y ecológicos que sufre la humanidad.

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