Algunos analistas piensan que al presidente Lula, que aspira a que su país sea miembro permanente del Consejo de Seguridad (claro, sin derecho a veto), se le está «pasando la mano» en el terreno de las relaciones internacionales de Brasil. No solamente por su gestión mediadora, junto a Turquía, en el espinoso affaire iraní, sino por su acercamiento con otros regímenes, igualmente poco democráticos, especialmente en África.
Lo de Irán ya se ha explicado y vistas bien las cosas, hay que admitir que dada la delicadeza de ese expediente y la animosidad manifiesta de los potencias occidentales frente a ese país, alguna puerta tenía que quedarse entreabierta para Irán porque, ¿de qué otra manera se podría facilitar un eventual arreglo que tranquilice a Estados Unidos y Europa, y al mismo tiempo le permita a las autoridades iraníes salvar la cara?
Pese a la magnitud de las sanciones recientes, no tanto las aprobadas por el Consejo de Seguridad, como las decididas por Estados Unidos y la Unión Europea, era dable esperar una fuerte reacción iraní. Pero como se ha dicho antes, Irán seguramente no prometió a Brasil y Turquía que abandonaría sus presumidas intenciones de producir armas nucleares, pero sí debe haberse comprometido a no responder con medidas agravantes una vez que se formalizaran las sanciones.
Naturalmente, Turquía y Brasil, como se ha dicho, esperaban que Irán retornara rápidamente al mecanismo negociador con todo y las sanciones del Consejo de Seguridad. No tanto ha sido, pero al menos Irán ha pedido a Estados Unidos que aclare su posición frente a Israel y sus armas nucleares. En otras palabras, si les exigen a ellos renuncia total, ¿por qué cerrar los ojos frente a Israel, que ya posee armas nucleares?
Es, de hecho, una declaración, sino conciliadora, al menos que busca establecer algún tipo de comunicación con Estados Unidos. Al mismo tiempo se puede interpretar como una manera de tranquilizar a Brasil y Turquía una vez que ambos países han puesto todo su prestigio en ese expediente.
Puede todo esto también tener otra lectura, tanto en lo que especta a Turquía como a Brasil. El gigante sudamericano está consciente de su creciente importancia y aunque algunos de sus gestos pueden interpretarse como antiamericanos, en realidad pueden responder más a necesidades geopolíticas. Brasil es un país demasiado importante para no intentar explotar a fondo sus enormes potencialidades frente a la América Latina y el Caribe, pero también frente a África. De paso, alguna incursión en otras áreas, ayudan a acentuar su necesidad de reconocimiento. Eso explica lo de Irán.
Turquía, como ya se dijo antes, no desea situaciones de conflicto en su vecindario, ni siquiera con Israel. También le interesa ejercer el liderazgo en el mundo islámico considerando, y con razón, que es el país con las mejores credenciales para ostentar esa representación. El Islam no puede estar asociado eternamente con la imagen de terrorismo y nihilismo que le ha impreso la emergencia de numerosos grupos en el Medio Oriente y zonas aledañas.
Irán quiso abrogarse esa calidad, pero como se ha visto, por el extremismo de sus posiciones, no reúne las condiciones para hacerlo. Tiene recursos materiales y en cierta medida hasta humanos, pero o lo suficientes. Además, todo lo que huele a iraní despierta sospechas en demasiados lugares del mundo. ¿Pero Turquía? Con una tasa de crecimiento impresionante, relaciones comerciales intensas y una alta dosis de pragmatismo (los turcos están muy «bravos» con Israel, pero mantienen igualitos sus negocios), Turquía está comenzando a preocupar a Irán, que ya adivina lo que los islamistas turcos se traen entre manos.
Cada uno, actúa en función de sus intereses, pero en la problemática nuclear/iraní, todos esos esfuerzos de agendas separadas al menos están dando como resultado cierto alivio de las tensiones. Y en ese sentido, la gestión de Brasil y Turquía, lejos de ser un fracaso, puede bien haber sido la mejor iniciativa diplomática frente a una situación de conflicto que de todas maneras no tendrá una rápida solución.
En cuanto a las audacias brasileñas, sería absurdo esperar que el gran país sudamericano no explotara a su favor el tremendo atractivo que irradia, por ser un país del sur, por tener una política exterior acentuada en las relaciones comerciales. A eso se debe agregar que cada vez con más fuerza es notorio que los países en vías de desarrollo están descubriendo que la inevitable dependencia tecnológica es más ventajosa cuando proviene de naciones «más iguales» que las tradicionales fuentes de los países altamente desarrollados.
El eje Turquía- Brasil en realidad es parte de un conglomerado mucho mayor, que incluye a la India, África del Sur y hasta a China, aunque en esas potencias emergentes siempre habrá también un poco de desconfianza frente a un país cuya agenda es la de competir con los grandes de este mundo, utilizando de manera pragmática y oportunista su todavía condición de economía en desarrollo. En ese sentido, lo de Irán es un simple y útil ejercicio para designios mayores en el futuro.









Si lo vi, lo escuche o lo pude leer... te lo voy a contar pero que esto quede acá entre nos.
Si no hay guerra, irán no tiene tanto que perder
¿Miedo a la muerte?
¿Cuál será el futuro de las líneas de Nasca?
Ayer y hoy
Los que no pueden esconder su racismo “El pez, se pudre por la cabeza”
Demandan Consejeros al IME por utilizar electoralmente al Instituto para los Comicios del 2012 


