lunes, 06 feb 2012

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La Voz de Conneticut

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Como si ya fueran pocas, otra organización para la región

Cuando Felipe Calderón llegó a la presidencia de México, pocas sorpresas se esperaban puesto que sus credenciales políticas le situaron desde el comienzo de su carrera en la derecha. En el 2006 ganó las elecciones presidenciales por tan estrecho margen, que todavía hay segmentos de la sociedad de ese país, particularmente en la izquierda, que le consideran un presidente fraudulento.

Pero Calderón ha resultado ser mucho menos ideológico que lo que temían (o esperaban) sus adversarios. No solamente eso, se ha lanzado prácticamente a pelearle a Brasil y Venezuela el liderazgo regional, a partir de posiciones que aunque ambiguas, apuntan en dirección a marcar distancias con su gran aliado norteamericano.

Los mal pensados dicen que el latinoamericanismo de Calderón es una forma de salirse un poco del lío que se ha creado enfrentando a los carteles de la droga, al tiempo que intenta recuperar la posición preeminente que sobre todo en América Central y el Caribe era parte del acervo de la política exterior mexicana heredado de los años brillantes de Lázaro Cárdenas. Claro, después hubo la revolución cubana y las victorias electorales acompañadas de una moderada lucha de influencias en la región, de Lula en Brasil y de Chávez en Venezuela.

En ese período, México pasó a ocupar un plano secundario, a tal punto que en el año 2000 se vio envuelto en una disputa por una posición de miembro no-permanente en el Consejo de Seguridad en la ONU con un país pequeño, la República Dominicana. En ese período, cuando gobernaba el vaquero amigo de Bush, Vicente Fox y dirigía la política exterior mexicana un tránsfuga de la izquierda apellido Castañeda, México además se peleó con Cuba. Así, en corto tiempo, México pasó de ser un país con una política exterior cuya independencia radicaba en mantener sus distancias frente a cualquier polo de influencia, a una copia de mala calidad de las causas tradicionalmente defendidas por Estados Unidos y Europa.

Aunque Calderón, en principio era tan de derecha como Fox, desde que asumió la presidencia se propuso y logró mejorar las relaciones exteriores mexicanas, a tal punto que pese a que es un competidor, el México de Calderón no ha tenido problemas mayores con Chávez, lo que no deja de ser meritorio.

El empeño mexicano en que la doble cumbre celebrada hace poco en Cancún «pariera» algo significativo, puede explicar que viera la luz algo tan mal cocinado como la denominada Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Es que, como se ha dicho antes, y pese a las piruetas verbales del canciller mexicano, no hay una región del mundo donde haya tantos organismos que se supone deben aglutinar a sus países (OEA, UNASUR, SICA, ALBA, CARICOM, para no mencionar más que algunos).

En ese sentido, nadie, ni dentro ni fuera de la región, entiende bien cuál es el propósito de una nueva organización, a no ser satisfacer las demandas crecientes de disponer de una instancia sin Estados Unidos y Canadá. Tampoco se entiende que no se aprovechara que existe el grupo de Río, que expresamente excluye a los dos ricos vecinos del norte, para sencillamente ampliarlo a los pocos países que aún no son parte del mismo. Como si fuera poco, nadie defendió seriamente la idea de disolver o reemplazar a la OEA.

Es bien probable que México, que durante los dos años que dirigió el Grupo de Río no se distinguió por su activismo y sólo puede exhibir a su haber la integración de un par de países, especialmente Cuba, haya querido cerrar su presidencia del grupo (que pasa ahora a otro «derechista’, el chileno Piñera) con una iniciativa de un supuesto mayor alcance. De todas maneras, para los países del ALBA no resulta cómodo haber tenido al México de Calderón y ahora al Chile de Piñera presidiendo ese grupo, en momentos en que precisamente piensan en dar mayor fuerza a la confrontación con Estados Unidos a quien, como se sabe, no le acuerdan el menor atenuante. Hay que decir, claro, que la diplomacia norteamericana para la región, que generalmente parece «estar en las nubes», tampoco ayuda mucho a quitarle presión a ese expediente.

De todas maneras, ni siquiera la nueva Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños arranca con buenos impulsos desde ese punto de vista, puesto que la comisión designada para preparar los documentos de base para una futura reunión constitutiva (lo más probable en Chile dentro de un par años), solo incluye a Venezuela entre los bolivarianos. Los demás miembros, México, Brasil, Jamaica y República Dominicana no tienen, ni siquiera en el caso de Brasil, el menor interés en una innecesaria confrontación con Estados Unidos en nombre de los agravios del pasado. Es más, hasta quizás piensen que la mejor manera de bajar tensiones es que Estados Unidos no se ocupe mucho de la región.


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JUAN DANIEL BRITO

Una colección de textos poéticos y narraciones en la que describe el efecto que tiene en la conciencia del escritor, el ser testigo de un momento en la historia del planeta en que todo parece concluir y cuando las palabras “definitivamente,” e “irreversible,” son rechazadas por las personas a través de múltiples mecanismos de negación; pero siguen presentes cada día a través de los intensos fenómenos sociales, espirituales, y ecológicos que sufre la humanidad.

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