El frente nuclear ha estado sumamente activo en estos últimos días. Por un lado, la decisión del presidente Obama, de autorizar la construcción de nuevas plantas nucleares para producir energía, algo que los ecologistas no se esperaban, o a lo mejor se lo esperaban, pero pensando que los milagros son posibles. De hecho, pensaban que las promesas «verdes» de Obama, tenían más que ver con otras fuentes alternativas de producción de energía, tipo eólica, solar o incluso a través de las olas, no mediante la vuelta a la energía nuclear, más limpia que la energía producida por fósiles, pero con antecedentes preocupantes.
Obama tiene dos tipos de presiones: el empleo (o la falta de él, aunque el paquete de $15 mil millones aprobado por el Senado debería ayudar a paliar) y la presión de los Republicanos. Con una ventaja tan considerable en el Congreso, se creía que para los Demócratas, proponer e imponer era como»freír y comer». De hecho, pocos previeron el surgimiento de un movimiento tan poco estructurado pero potencialmente con tanto poder como el de los famosos «bebedores de te» (mejor queda los «rabiosos bebedores de te»). Los Republicanos no controlan el amorfo grupo, pero por el momento si alguien se beneficia de su efecto disruptivo son ellos.
Para Obama, ese movimiento es tan desconcertante como puede serlo para un maestro de ajedrez enfrentarse a la lógica elementalmente efectiva de un jugador de tablero. Solo hay que figurarse que Sarah Palin, con sus puntos de referencia escritos en la mano para no olvidar lo que iba a decir, ejerce una real fascinación por ese conglomerado, compuesto en buena medida por gente sin grandes pretensiones, aunque sus dirigentes sí sepan perfectamente lo que quieren. Algo parecido, a la inversa, con el llamado Ejército Zapatista de Lliberación mexicano, compuesto por campesinos indígenas, pero dirigido por un universitario urbano.
En todo el pliego de reivindicaciones o quejas de los «bebedores de te», hay de todo y posiblemente algún tipo de escepticismo en cuanto a la utilización de medios de energía que no sea el petróleo, preferiblemente extraído de los propios Estados Unidos. De manera que probablemente no pasarán muchos días antes que el tema, que ya interesa y preocupa a los medios internacionales, no se abra camino entre los protestatarios del curioso grupo.
Lo otro con relación al asunto nuclear es el relativo a Irán. El presidente de ese país, a la Chávez, anunció públicamente hace poco que ellos iban a enriquecer uranio contraviniendo las regulaciones de la Agencia Internacional de Energía Atómica. La decisión, que aparentemente llena de orgullo a los iraníes, ha tenido como efecto irritar incluso a Rusia, cuyo gobierno estaría dispuesto a apoyar un nuevo paquete de sanciones que «se cocina» actualmente en el Consejo de Seguridad y que sería sometido a votación a principios de marzo. Eso, sin que se descarte, tal como dijo un alto jefe militar norteamericano hace poco, el recurso a un ataque militar preventivo, en caso de que se tengan pruebas suficientes de que Irán esta efectivamente «retozando» con armas nucleares.
El único punto oscuro que queda en este esquema es China, bastante irritada por la venta de armas a Taiwán, por la visita a la Casa Blanca del Dalai Lama y por la insistencia norteamericana en el tema de los derechos humanos y China, lo que no deja de ser más que maniobras de presión norteamericana porque saben perfectamente que la sociedad china es muy antigua y estructurada para que los valores de libertad y/o democracia tengan la misma expresión que tienen en Occidente. No es que los haya cabalmente en China, es decir el respeto de esos derechos, pero la China de hoy está ya bastante distante del modelo autoritario y represivo de Mao.
En todo caso, Estados Unidos necesita que China «se monte en el barco» de las sanciones a Irán, pero no logrará conseguirlo mientras no haga algunas concesiones de forma. Por eso no debe extrañar que aun que Obama recibiera al Dalai Lama (para quitarse presiones internas norteamericanas) tampoco es que se haya puesto a «hacerle gracias» al líder religioso tibetano.
Entretanto, aunque el presidente iraní afirma que su país está listo para responder a las sanciones del Consejo de Seguridad, al mismo tiempo tiende una ramita de olivo a los norteamericanos, al decir que «incluso Estados Unidos puede traernos su combustible enriquecido al 20% y nosotros le pagaremos con combustible enriquecido al 3.5 %». Ese esquema es el que se ha estado manejando desde hace tiempo, aunque con Rusia y Francia, no con Estados Unidos, pero por alguna razón que ninguno de los dos lados aclara en sus intercambios de invectivas, el proceso no avanza. El peligro mayor es que un actor aparentemente secundario en este escenario, a saber, Israel, decida tomar las cosas en sus manos y actuar a su manera, lo que no sería una ayuda para nadie, ni siquiera para el estado hebreo.









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