
«Si yo pudiera ir a mi país aunque fuera por dos horas, iría sin dudarlo…», me comenta Mario -un amigo ecuatoriano-, al tiempo que sus ojos se inundan de sufrimiento porque su madre ha muerto hace tres días y no pudo ir a su funeral. Es uno más de los rehenes de este país, que no pueden salir de él porque no podrían regresar. Me anima a ir a mi añorada ciudad de México aunque solo sea por 3 días. «Me voy 5 días, pero como se te va uno en ir y otro en volver…»






