En primer lugar, la inmigración es una realidad ineludible, obligatoria y valiosa para mantener ciertas economías en avance real y beneficio generalizado en vías constantes de prosperidad y desarrollo.
“Nunca voy con los que lloran y siempre con los que cantan. Los paisanos de mi pueblo cuando tienen un dolor, en lugar de andar llorando, cantan debajo del sol.”
Facundo Cabral.
Por lo tanto, hay que investigar las causas de origen que obligan a emigrar: empezar aceptando la incompetencia de los gobiernos del país de donde salen, porque es la vergonzosa constancia de su incapacidad; gobiernos faltos de imaginación y decisión para llevar el tema de los inmigrantes a todos los foros internacionales, particularmente a la ONU, para que sea tratado y enfrentado como parte sustantiva de los Derechos Humanos. Negociar con imaginación, diplomacia y firmeza, convenios con los gobiernos de los países de destino, para alcanzar por lo menos entendimientos para inmigrantes temporales, como lo tiene México con Canadá.
Establecer metas de corto y largo plazo, fijar objetivos con una “mirada hacia adelante”; hagamos de los temas más apremiantes de los emigrantes, una tarea de todos con un pacto nacional e internacional; desarrollar indicadores reales de nuestra contribución al país y que recibimos a cambio. La pregunta de la época. ¿Los inmigrantes ecuatorianos: realmente, recibimos lo que aportamos?. ¿Hasta donde se justifica la presencia de las Representaciones del País en el Exterior?. ¡Se necesita más eficiencia, urge el trabajo!.
Aproximadamente existen 250 Representaciones del Ecuador alrededor del mundo, entre Consulados, Embajadas, Oficinas Comerciales, Representaciones Permanentes, Misiones Diplomáticas, Representaciones de la Secretaria Nacional del Migrante y Delegaciones de la Defensoría del Pueblo. El trabajo que hacen no es desestimable, pero no es suficiente para todos y no genera confianza en los emigrantes más endurecidos.
Las estadísticas oficiales del Banco Central del Ecuador – que no precisamente corresponde a la realidad - demuestran que las remesas, representan el segundo rubro de ingresos de Ecuador, sólo superado por las ventas de petróleo al exterior. En el año 2009, el total de las remesas enviadas fue de $ 2’495.1 millones. En el año que terminó, fácilmente se superaría los 2’600 millones de dólares, de los cuales se calcula que el 25% ingresa a las arcas del estado. Obviamente Estados Unidos continúa manteniendo la hegemonía como país originario de remesas. Al final del día, todos los estudios coinciden al afirmar que el inmigrante da más de lo que recibe.
En el último año de elecciones (2009) el CNE designó $ 2’466.600 como presupuesto para el voto de los migrantes, en las 65 sedes diplomáticas del Ecuador donde existen electores. Actualmente el costo referencial de la inversión para llevar a cabo el voto en el exterior por el asunto del Referendum y Consulta Popular, asciende a 1’152.839,87 dólares, más 1’000.000 para el armaje de los paquetes. Se dice que unos tres millones de ecuatorianos viven en el exterior y se calcula que la mitad reside en los Estados Unidos. Lo discutible, y la justicia desaparece, porque únicamente hay unos 205.909 ecuatorianos empadronados en todo el mundo. En una balanza: ¿Los inmigrantes, realmente han saboreado un pellizco del “buen vivir”?. ¿Nos parece justo ver como danzan los millones que gasta el “descarnado” Estado ecuatoriano a pretexto de los migrantes?.
De todos modos, todo cuanto se haga a favor del inmigrante será de utilidad inapreciable y, por mucho que hagamos, será siempre insuficiente, dada la complejidad e inmensidad de sus necesidades y apremios. En el balance final, ojalá el gasto ostentoso sea menor a los logros promosionados al ritmo dogmático revolucionario y sistemática publicidad.








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