Los hispanos en Estados Unidos se han tropezado con una buena razón para levantarse e ir a votar el 2 de noviembre próximo, consientes que ha llegado el momento de la verdad. Las más resplandecientes estadísticas señalan que hemos alcanzado cifras de votantes registrados sin precedentes.
Usted y yo sabemos que el poder de los hispanos está en los números, y precisamente por esa razón que la participación en las elecciones de noviembre es crucial y definitiva.
“El peor analfabeto es el analfabeto político. El no ve, no habla, no participa de los acontecimientos políticos... El analfabeto político es tan burro que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política”.
Eugen Bertolt Friedrich Brecht
Ya lo hemos demostrado en imponentes marchas por la anhelada Reforma Migratoria. En política, tenemos más representación que en ningún tiempo pasado; hay hispanos en el Senado, en el Congreso, en la Corte Suprema, en el gabinete del presidente Barack Obama, en los Parlamentos estatales, y en posiciones en municipios o condados en todo el contorno de Estados Unidos. Ahora falta ver si los hispanos tienen la voluntad política para decidir quiénes serán sus próximos representantes.
Pero, éste poder no queda ahí; los hispanos suponen el 40 por ciento de los votantes en Estados Unidos. Y su voto será significativo en unas votaciones que pueden cambiar el rumbo de la presidencia de Obama. En juego están nada menos que un tercio del Senado, la totalidad de la Cámara de Representantes y 28 gobiernos estatales.
Entre el 2000 y el 2008, el voto hispano aumentó un increíble 64%, lo que revela que el poder de los hispanos está en nuestras manos. Demás está decir que, “si vives en un distrito que no está acostumbrado a ver mucha diversidad, la regla ahora mismo es que la vas a ver. Y no lo puedes ignorar: ése será el rostro de América mañana”, tal como lo argumentaba el visionario congresista demócrata por California Xavier Becerra. Ahora bien, lo que sí es seguro que un alto porcentaje de votantes hispanos no apoyarán a un candidato que defienda las deportaciones masivas de indocumentados. Las medidas adoptadas recientemente en Arizona dejarán muy mal parados a los republicanos.
Se sabe que de los 16 millones de hispanos elegibles para votar, entre 9 y 10 millones se han registrado. Entonces es necesario considerar algunos aspectos que son de conocimiento público, de por qué los hispanos debemos de sufragar:
Para lograr cambios necesarios para nuestras comunidades: Hay que ser realistas - Se cabildea con votos - A la hora de distribuir fondos, los gobiernos apoyan a las comunidades que votan.
Mientras más hispanos voten, más atención nos pondrán los políticos: Su mirada será más atenta. Hasta que no se den cuenta de la repercusión de nuestra fuerza en las urnas, los políticos no pondrán atención a los problemas graves que nos afectan como comunidad.
Hay que votar para sanar algunas de las enfermedades que aquejan a nuestra comunidad: El nivel de pobreza para los hispanos es del 22 por ciento, en comparación al 12.5 por ciento de la población en general. Los últimos números de desempleo revelan que 7.1 por ciento de los latinos no tenemos trabajo. Y una tercera parte de nuestros estudiantes no termina la secundaria.
Porque también somos norteamericanos: Tener un apellido latino, la piel morena, ser bilingües o hasta hablar con acento, no hace a los hispanoamericanos menos estadounidenses. Los “ciudadanos” son tan norteamericanos como los demás, y votar es nuestro legitimo derecho.
El participar de estas elecciones puede dar paso a una mayor representación política para los hispanos: Hemos logrado mucho en la política. Hay 4,853 hispanos elegidos o designados en nivel local, estatal y federal. Sin embargo, no hay ni un solo senador hispano y el único gobernador hispano en el país es Bill Richardson de Nuevo México.
Porque si no votamos, alguien más decidirá por nosotros: Votar es un derecho, un privilegio y un deber cívico, y no hacerlo es una irresponsabilidad.
Si no votamos, no disfrutaremos de la autoridad moral para quejarnos: Si no votas, no estás participando en el proceso para elegir aquellos que pueden hacer una diferencia.
En una sociedad democrática, votar es un privilegio. Hay que estar de acuerdo con este desafío y cumplir con el compromiso: Los latinos estamos en una perspectiva privilegiada para decidir esta elección. Somos la principal minoría del país.
En honor a la justicia de todas las referencias descritas, y como colofón de esto, se manifiesta en mi memoria las palabras de una mujer indígena, cuando dijo, “Yo no sé de economía, ni de bancos, ni de política ni subvenciones. Pero si sé cuando mi mundo está en peligro y sé cuándo las cosas son buenas o no”. !Definitivamente nos llegó la hora!. El reto es presentarse en las urnas y ejercer su derecho al voto. Muchos hispanos tenemos la oportunidad de votar. Algunos no la tienen. Tú que tienes la oportunidad, ¡participa y has valer tu voto!.








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