De repente la vida se detiene, el ruido ensordece, el terror palidece, se siente, el inimaginable infierno… el horrible pánico, para aquellos que vivieron, quedo sellado, jamás olvidado.
En días recientes hemos observando a través de los medios noticiosos apenas una pequeña parte de la cruel tragedia que vive el pueblo de Haití. Es inimaginable el pánico y el dolor, que solo los que lo han sobrevivido lo pueden expresar. La poderosa fuerza de la naturaleza ha obligado a todos a mirar hacia los hermanos antillanos. Pero la tragedia de la nación haitiana comenzó siglos atrás, en el momento de su nacimiento.
Ante la necesidad y el dolor del pueblo de Haití en estos días recientes la reacción del mundo ha sido extraordinaria. Los relatos noticiosos de la ayuda de diferentes organizaciones y naciones, las recolectas millonarias, parecen ser un aliciente temporero para los haitianos y una esperanza para los que, desde lejos, observan la tragedia. No tengo la más mínima duda que el pueblo haitiano recordará con gratitud las acciones tomadas por los socorristas sea esta en la misma Haití o en cualquier escenario del mundo con el propósito de ayudar a los hermanos caribeños.
Pero la historia de esta devastada nación es mucho más que eso y también su dolor y penuria.
Hace más de 200 años atrás Haití era una prospera colonia francesa donde el sudor de los 500,000 negros esclavos producían enormes ganancias a los explotadores europeos. Haití era la Perla del Caribe, la colonia mimada por la codicia francesa. El trato cruel de los colonos privilegiados hacia mella en la población haitiana cuando para fines del siglo XVIII los vientos de la Revolución Francesa cruzaron el Atlántico asentándose en la colonia caribeña, estallando allí una sangrienta revolución. En el 1804 los negros haitianos conquistaron su independencia nacional, convirtiéndose de paso en la primera nación donde los negros esclavos destituyeron a sus amos esclavistas. No fue fácil para la nueva nación pues Francia sintiéndose humillada los condenó a pagar una onerosa indemnización calculada hoy en día en 21.7 billones de dólares. Enorme deuda que se le hizo difícil pagar a Haití, luego de la guerra de su liberación. Y la América de las familias privilegiadas y colonizadoras acostumbrados a la servidumbre esclava: ¡Tembló!
Thomas Jefferson, prócer de la libertad estadounidense, advirtió que de Haití venía el mal ejemplo, señalando que “había que confinar la peste en esa isla”. Pero Jefferson era dueño de esclavos. El presidente Lincoln reconoció diplomáticamente a la nación haitiana sesenta años después que ésta se había constituido en una nación.
Brasil llamaba haitianismo al desorden y a la violencia, siendo la ultima nación en el mundo en abolir la esclavitud. Simón Bolívar tampoco la reconoció, aunque le debía bastante. Haití lo recibió dándole ayuda y amparo, a cambio de que liberara a los esclavos luego de su triunfo por la independencia suramericana. Bolívar expresó su gratitud a Haití pero no liberó a los esclavos. Aunque algunas naciones tenían leyes que prohibían la esclavitud, era letra muerta.
Los haitianos en su historia han tenido demasiados golpes de estado.
Tampoco han sido pocas las intervenciones militares por parte de estadounidenses, alemanes, ingleses y franceses, siempre con la excusa de defender los intereses extranjeros desvalijando el Banco Nacional de Haití. En el 1915 los infantes de marina estadounidenses ocuparon a Haití, controlando la aduana y la oficina de recaudación de impuestos.
Retuvieron el salario del presidente haitiano hasta que este autorizó la liquidación del Banco Nacional, convirtiéndolo en sucursal del Citibank de Nueva York. Los estadounidenses dispusieron de Haití por
19 años y aunque surgió resistencia a los desmanes norteños, se quedaron cortos en retomar a Haití. En el 1934 los Estados Unidos desocuparon oficialmente a la nación caribeña, dejando atrás a la Guardia de Haití que operaba como un apéndice de los militares norteños. En el 1957 la ocupación le dio paso a la dictadura de Francois Duvalier, quien legó su título de presidente vitalicio a su hijo Jean Claude Duvalier.
Haití en épocas más recientes, como para no cambiar las cosas, ha tenido intervenciones indirectas y directas, ya sea de los Estados Unidos o de las Naciones Unidas. Haití ante tanta adversidad nunca se ha recuperado de su nacimiento. La nación haitiana ha sido víctima de extranjeros y de las clases privilegiadas, que han explotado ese país desangrándolo no solo de sus recursos naturales pero también a su gente. La nación caribeña es la más pobre de América y una de las más pobres del mundo. Ahora la naturaleza también la victimizó.
Es el momento de levantar a nuestro país hermano, no con ayudas pasajeras pero con un plan serio y concreto de todas las naciones latinoamericanas. Cuba ha dicho presente desde el 1998 con unos 400 médicos y servidores de la salud cubanos sirviendo al pueblo haitiano, añadiéndoles unos 400 jóvenes haitianos, médicos que estudian en Cuba.
Haití necesita ese tipo de ayuda, comprometida en construir un país nuevo donde se le haga justicia a esa gran mayoría de seres humanos que viven en la extrema pobreza sin esperanza alguna. Que esas recolectas les lleven esperanza pero también tenemos que hacer un compromiso de solidaridad con la causa haitiana.












Si lo vi, lo escuche o lo pude leer... te lo voy a contar pero que esto quede acá entre nos.
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