sábado, 31 jul 2010

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La Voz de Conneticut

jSharing - JA Teline III

Avatar

Avatar es una película recientemente lanzada al mercado mundial con gran éxito. Este film creado por una maravillosa tecnología y un abultado presupuesto está llenando los cinemas y a todas luces satisface la caprichosa imaginación humana. Se sabe que esta joya de la fantasía cinematográfica, inspirada y dirigida por el estadounidense James Cameron, le tomó a este alrededor de 15 años llevarla a la pantalla y convertirla en lo que aparenta ser todo un éxito económico.

No son mis aspiraciones ni metas de este nuevo año en convertirme en crítico de cine pero cuando otras personas se toman la molestia de señalar lo que ha estado ocurriendo en el mundo por siglos hay que usar el espacio para felicitar a los autores por su valentía. Y digo que son valientes pues atreverse a hacer un film, que además de ser un riesgo para el incierto paladar humano, pues además se le añadió con cierto atrevimiento una fuerte dosis de realidad histórica, criticando la brutalidad de las conquistas por el poder imperial. Este film con toda una gama de efectos técnicos es, para los amantes de la cinematografía, una verdadera obra de arte. Pero no sabemos si el argumento de la película (aunque Cameron admite que él escribió la historia original), tiene la intención de reflejar el presente y el pasado de todos los pueblos saqueados y devastados por los poderes invasores imperiales.

Avatar y su creador James Cameron le ofrece al público en esta criatura del cine moderno una versión de viejas y funestas prácticas a las que nos tienen acostumbrados los intereses estadounidenses.

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La película se desarrolla en el imaginario planeta de “Pandora” para el año 2154 donde una corporación estadounidense con necesidad de recursos para sostener su economía envía una considerable fuerza compuesta mayormente por militares que poseían armas sofisticadas y poderosas. Esta expedición descubre la existencia de un mineral natural de incalculable valor y por ende sujeto a la codiciosa naturaleza de los conquistadores. Pero el planeta invadido está habitado por indígenas quienes físicamente  son una especie de antropomorfos pero que tienen una cultura distinta, donde predomina una filosofía de amor a la naturaleza y la tierra (como nuestras antiguas naciones originarias). Los nativos del planeta “se ven a sí mismos como una parte integral de un gran ser vivo, en donde todos viven en una perfecta armonía natural, que es a su vez una interdependencia vital. Todos los seres vivos se ven como parte de un gran cerebro y consideran a su planeta como un gran ente, que piensa y se desarrolla.” (Cuevas y Batista).

Los indígenas de este planeta eventualmente rechazan al invasor en un desigual combate ya que los extranjeros tienen recursos bélicos más sofisticados que los primeros. Repitiendo el clásico ejemplo con naciones contemporáneas, en “Pandora” los científicos extranjeros crearon componentes genéticos, seres “mestizos” que eran similares a los indígenas pero cuya voluntad estaba al servicio y los intereses extranjeros. El Sr. James Cameron parece que visitó a la Isla del Encanto (Puerto Rico) para copiar de nuestras propias aberraciones genéticas que se hacen pasar por políticos puertorriqueños. Estos “mestizos” tenían la innoble tarea de aprender las costumbres nativas y luego convencer a estos de que las intenciones de los invasores eran buenas, intercediendo a su vez, a ceder las riquezas naturales a los “conquistadores” con poca resistencia. Cualquier semejanza a nuestro mundo actual es pura coincidencia.

Pero aquí abandonamos el guión de Avatar, pues dejaremos el resto de la película para el disfrute o disgusto de los que puedan verla. Esta película que “no es más que una fiel copia de la realidad que viven los pueblos del mundo en los inicios del siglo XXI, donde su única desgracia es poseer enormes riquezas energéticas, minerales y naturales… y que por el hecho de tenerlas se convierten en el blanco de intereses transnacionales, personales y políticos de la depredadora clase imperial moderna…” (Cuevas y Batista), posiblemente ya estará en las mirillas de los personeros del sistema que se oponen a un público más alerta y critico. No hay manera de predecir si al final logrará ser un éxito económico, pero se sabe ya que está impactando al público estadounidense, pues ya se hacen reseñas periodísticas de personas que se sienten deprimidos pensando que el mundo de “Pandora” es imaginario y no se puede alcanzar. Pensar que esto no es posible sería minimizar las oportunidades del ser humano, pues si quiere sobrevivir tiene que exigirse un cambio radical en su percepción del mundo que lo rodea. El hombre (genérico) se tiene que integrar al mundo que lo rodea con ideas y acciones que le permitan salvaguardar su medio ambiente, que tenga aspiraciones a un mundo mejor aún cuando conlleve el sacrificio de un materialismo que nos lleva al desastre. Al igual que los aborígenes de “Pandora” tenemos que pensar en el bien común y sacar a latigazos de  “nuestro propio hogar” a los mercaderes que velan solamente por sus intereses propios.

Avatar es un ingenioso ejemplo y atrevido reto de la capacidad del

ser humano. Si posponemos nuestras acciones podría ser tarde para el bien común.

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