martes, 07 feb 2012

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La Voz de Conneticut

jSharing - JA Teline III

Usted también es un claro ejemplo de su obra

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-¿Y usted se considera escritor? - me pregunta el anciano, semanario de La Voz Hispana bajo el brazo.

- ¿Perdón? - gano tiempo, pienso qué responder, me ubico en tiempo y espacio.

- Usted escribe en este semanario - blande ahora, amenazante, el semanario, y levanta un poco demasiado la voz para mi gusto, sin importarle, además, las demás personas que están comprando en la tienda en donde estamos.

- Sí - contesto, con una sonrisa amistosa, educada.

- Mi nombre es Rafael Domínguez.

- Mucho gusto, señor Rafael. Mi nombre es Carlos Riveros - le extiendo la mano, que me estrecha luego de dudar.

- No se acuerda de mí, ¿verdad? - noto en su voz un tono más bien grosero, agresivo.

- ¿Debería? - contesto/pregunto ya un poco cabreado.

- Nos presentó el poeta mexicano Hugo García.

- ¿Hugo?, ¿Hugo?... - busco en mi cabeza las pocas caras que tengo registradas-. Hace mucho que no veo al buen Hugo -desvío el tema para no afirmar que, efectivamente, no recuerdo al anciano que tengo frente a mí.

- Nos presentó hace varios meses atrás. Ustedes trabajaban juntos en una fábrica. En Manchester.

- Honestamente, no, no lo recuerdo, señor... - dudo, trastabillo, soy pésimo para recordar nombres.

- Rafael Domínguez.

- Señor Rafael Domínguez. Si me permite, debo pagar esto -le muestro las dos latas de Red Bull que me tomaré de golpe para despertarme del todo- e irme a trabajar.

- No es mi intención robarle su tiempo - me ataja el anciano, que a decir por el movimiento aún se mantiene en forma.

- Pero lo está haciendo - le digo, ya no tan amistosamente.

- Le repito: no quiero robarle su tiempo. Sin embargo, le pido que me brinde al menos cinco minutos. Me gustaría decirle unas cuantas cosas con respecto a la columna de escribe.

- Déjeme adivinar: está ofendido, en desacuerdo, considera que soy un mal escritor, o, en todo caso, un escritor que escribe cosas negativas. ¿Acerté?

- Completamente.

- No es que cuente con el don de la adivinación, pero su tono de voz refleja eso y un poco más.

- El problema con usted es, quizá, su estilo.

- Ajá...

- Sí, sí. Su forma de escribir, tan chabacana, tan simplista y tan... -piensa por un segundo el anciano- ofensiva, esa es la palabra. Recuerdo una columna suya en contra de los intelectuales locales. Yo, como escritor, me sentí agredido, ofendido. Yo soy escritor también, y creo que tenemos, en este lugar multicultural, la obligación, el deber de educar a la gente. Las personas no leen. Apenas tienen tiempo, y el poco tiempo libre lo pierden viendo televisión. Algunos tienen como única fuente informativa las revistas y los diarios, y ahí es donde entramos a tallar nosotros...

- ¿Nosotros? - lo interrumpo. - No recuerdo haber tenido el gusto de leer sus columnas.

- Bueno, no soy columnista de ningún diario - se repliega, abochornado, minimizado, el anciano-, pero como escritor me considero dentro del grupo de artistas, que, como le digo, tenemos la obligación de educar a la gente, a la población.

- Yo le agradezco la crítica. Lo que no le voy a aceptar es que me diga para qué escribir. Eso lo defino yo. Si usted cree que, como escritor, tiene la responsabilidad moral, social, de educar al pueblo, lo respeto. Pero yo no pienso lo mismo. La educación es obligación de los padres, no de los artistas. Lo que sí me propongo, y permítame citar a un amigo escritor peruano, es dejar este mundo mejor de lo que lo encontré.

- Tenía la esperanza de que la casualidad de encontrármelo hoy sería más afortunada, pero veo que es usted un digno ejemplo de lo que publica.

- Los escritores somos lo que escribimos y publicamos, es cierto. ¿Usted ha publicado? No, ¿no? Sospecho que usted también es un claro ejemplo de su obra.

- ¡Insolente! ¡No le permito!

- Hasta luego, señor - me dirijo a la caja para pagar.

- ¡Sabrá de mí! ¡Enviaré una carta a este semanario! ¡Esto no se quedará así!

Salgo de la tienda y pienso: Ojalá mandes la carta, al menos así publicas algo. También pienso: Un enemigo más, un lector menos. Finalmente pienso: Qué más da, después de todo mucho no nos iba a durar este lector.


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Invocación a los Regresos

JUAN DANIEL BRITO

Una colección de textos poéticos y narraciones en la que describe el efecto que tiene en la conciencia del escritor, el ser testigo de un momento en la historia del planeta en que todo parece concluir y cuando las palabras “definitivamente,” e “irreversible,” son rechazadas por las personas a través de múltiples mecanismos de negación; pero siguen presentes cada día a través de los intensos fenómenos sociales, espirituales, y ecológicos que sufre la humanidad.

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