La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten,
y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás,
muestra cuánto se aburren.
Arthur Schopenhauer
Tu envidia es mi progreso
Juan Pérez me dice que lo que hago es fácil.
Según Juan Pérez cualquiera puede sentarse a escribir y llenar una página o más con unas cuantas ideas y presentarlas a un editor y, después, luego de pasar por el control de calidad, al público.
Para hacerme sentir peor, Juan Pérez me dice que escribir en un semanario no es un trabajo, es un hueveo, una estafa. Para él, yo estoy robando el dinero o cuando menos ganándomelo cómodamente.
No le resto razón a Juan Pérez. Comparado con algunos otros trabajos, éste es cómodo y placentero, además de bien remunerado. No me rijo por rigurosos horarios ni tengo compañeros insoportables al lado. Yo mismo soy mi propio jefe y sigo mi propio ritmo, añadiendo además, y quizá principalmente, la total libertad que me otorga el editor para escoger mis temas.
Pero se equivoca cuando dice que es fácil. No lo es. Muchas veces la falta de tiempo o algunas otras responsabilidades terminan por jugarte en contra y te ves contra la espada y la pared, teniendo que elaborar, a la volada, un cuento, una historia, una anécdota más o menos entretenida que puedas presentar.
Menos fácil se me hizo estas dos últimas semanas en las que estuve trabajando en dos lugares diferentes y en las que lo que menos tuve fue tiempo. El cansancio y el aburrimiento de hacer lo mismo día a día fueron enemigos peligrosos que se sumaron a la falta de tiempo. Y aun así logré cumplir con entregar mi columna semanal, lo cual no es poca cosa, por más que a Juan Pérez así le parezca.
Escribir para que te publiquen puede ser, además de placentero, agobiante. Muchas veces te encuentras con críticas y comentarios ácidos, hechos con mala leche y con la intención de bajonearte. Hay que tener correa para sobrellevarlos, como también los pies bien puestos en la tierra cuando te cae algún piropo halagüeño. Lo mejor es siempre agradecerlos con una sonrisa pero no creerlos, sean los comentarios buenos o malos.
Al igual que Juan Pérez, yo también pienso que todos pueden sentarse a escribir. Pero no todos lo hacen. Y no todos los que lo hacen, lo hacen bien. Algún mérito debo tener si semana a semana me permiten estar acá, tanto el editor como los lectores.
Me considero afortunado al tener este empleo porque hago lo que realmente me gusta y además me pagan por ello. No muchas personas pueden decir eso. Pero no por eso puedo aceptar que me digan que me llevo el dinero fácilmente o que este trabajo es un hueveo.
No se trata de menospreciar esta labor sólo por el hecho de que no tenga que ir a una oficina o tenga que pasar ocho horas encerrado en una fábrica. Hay mucho trabajo y esfuerzo detrás de esta columna que el lector no ve y quizá no imagina.
Y si para un Juan Pérez es fácil presentar una columna semana tras semana, entonces debería sentarse a escribir y hacerlo. Nadie se lo impide. Quizá recién ahí se dé cuenta de que fácil no es.









Las Malvinas vuelven a la actualidad
Demandan Consejeros al IME por utilizar electoralmente al Instituto para los Comicios del 2012
El plan de acción de la ONU
¿Cuál será el futuro de las líneas de Nasca?
Ayer y hoy
Los que no pueden esconder su racismo “El pez, se pudre por la cabeza” 


