"Samy" comenzó a ladrar sobre un montón de escombros y en ese momento su guía supo que allí abajo había alguien y estaba vivo. Aunque su agilidad ya no es la de los buenos tiempos, la experiencia de este labrador de once años sirvió para hallar vida bajo las ruinas de lo que una vez fue Puerto Príncipe. A lo largo de su trayectoria, "Samy" ha encontrado a nueve personas en catástrofes naturales de todo el mundo.
“Samy" es un perro excepcional. En Haití, se hirió una pata mientras buscaba entre los escombros de un edificio. Pero al terminar su turno, en lugar de meterse en su jaula a descansar como siempre, se fue a hacer compañía a un niño que estaba solo, sentado en la acera mirando como trabajábamos”, comenta Ángel Pesquera, responsable de Protección Civil de Las Rozas, en las cercanías de Madrid, y guía de Samy.
Haití ha sido para Samy su última misión internacional. “Seguirá entrenando y colaborará si algo pasa en España, pero no volverá a hacer un viaje tan largo”, aclara Pesquera.
"Samy" deja paso a las nuevas generaciones, pero sólo los mejores podrán tomar el relevo ya que su trabajo requiere un entrenamiento exhaustivo y constante.
EL ADIESTRAMIENTO.
Bink y Rox sólo tienen 14 meses pero ya son auténticos soldados. Se preparan durante seis horas al día para una importante misión, la de salvar vidas.
Cuando el cabo Braña grita "buuuusca", Rox sale disparado sobre los escombros. Esta vez la tarea se complica, su juguete se ha colado por un neumático y ha caído bajo un montón de tubos, pero el pastor belga no está dispuesto a rendirse. Al cabo de unos minutos emerge contento con su mordedor en la boca. “Será un buen perro”, comenta el teniente coronel Gerardo Parra, director de la Escuela Cinológica de la Defensa, en Madrid, el centro donde se adiestra a los canes destinados a las diferentes unidades del Ejército español.
Estos perros están ya en su tercera semana de formación y todavía les quedan casi cinco meses de entrenamiento por delante. Pronto, Bink, Yogui , Sena y Rox se integrarán en distintos batallones de la Unidad Militar de Emergencias, mientras que Nixon, Nico y Tomi formarán parte de la Unidad Canina de la Guardia Real.
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{besps_c}0|39621_1.jpg|En la imagen Samy y su cuidador, Ángel Pesquera{/besps_c}
{besps_c}0|39621_2.jpg|El equipo de Protección Civil en Haití. Con ellos está la Vicepresidenta del Gobierno de España, María Teresa Fernández de la Vega, acariciando a Samy, quien está al lado de su cuidador.{/besps_c}
{besps_c}0|39621_3.jpg|En la foto se ve a los voluntarios de Protección Civil y al pastor alemán negro delante de una piscina. Es el edificio de Naciones Unidas de Haití.{/besps_c}
{besps_c}0|39621_4.jpg|Un perro en lo alto de un edificio siguiendo las instrucciones de su cuidador en un edificio en ruinas en Haití.{/besps_c}
{besps_c}0|39621_5.jpg|Un equipo de Protección Civil en plena actuación en la destruída capital de Haití, Puerto Príncipe.{/besps_c}
{besps_c}0|39621_6.jpg|Un perro de Protección Civil de la raza labrador, con un testigo en las fauces para acostumbrarse a arrastrar peso{/besps_c}
{besps_c}0|39621_7.jpg|El perro Ares (pastor alemán negro), durante un entrenamiento en la base que tiene ese cuerpo especial en Getafe (Madrid){/besps_c}
{besps_c}0|39621_8.jpg|Entrenamiento de perro y guía en la nave de escombros de la Escuela Cinológica de la Defensa{/besps_c}
Sin embargo, no podrán dejar de trabajar. Aunque al final del curso son capaces de desarrollar su especialidad, necesitarán un año para ser “operativos al cien por cien”, explica el teniente coronel Parra.
Por el momento, los instructores de la escuela siguen enseñándoles a identificar el olor de una persona viva con el juego. “El perro siempre está jugando a cazar”, señala Parra. “Su presa es un rodillo de felpa y sabe que cuando encuentra a alguien y le ladra, esa persona le va a dar su rodillo”.
El proceso es progresivo. Al principio, el animal puede hallar a la supuesta víctima a simple vista. En las siguientes sesiones, ésta tiene algunos ladrillos encima y poco a poco se la entierra totalmente hasta que el perro aprende a asociar el olor humano con su premio. “Él no sabe que está salvando a alguien, lo único que quiere es su juguete”, asegura el teniente coronel Parra.
MISIÓN: SALVAR VIDAS.
Yaco y Ares tienen bien aprendida la lección. Son dos de los 17 perros españoles que han trabajado en las tareas de rescate tras el terremoto de Haití.
Sus guías son voluntarios de la Protección Civil de Getafe, que cuidan de ellos desde que eran cachorros. “Los perros viven en las casas de sus guías. Los llevan a colegios y centros comerciales. Suben con ellos en escaleras mecánicas y hacen lo posible para que vivan todo tipo de experiencias”, indica Ángel Gutiérrez, coordinador del equipo canino del contingente español desplazado a Haití y voluntario de la Protección Civil de Getafe.
Cada rescate es fruto del trabajo en equipo, explica Gutiérrez. Los primeros en entrar en un edificio derruido son los bomberos, que se ocupan de estudiar la estabilidad del terreno. A continuación le llega el turno a los guías caninos. “Cuando un perro identifica a alguien bajo los escombros y empieza a ladrar, se hace salir a todo el grupo de la zona. Entra un segundo equipo de guías y si otro perro ladra en el mismo lugar, ya no hay duda”, señala. Es hora de que los bomberos se pongan manos a la obra.
Los perros trabajan en turnos de una media hora y descansan el doble de tiempo del que han estado buscando. En 30 minutos, uno de estos canes puede rastrear un área de hasta 20.000 metros cuadrados, apunta el responsable del equipo canino español en Haití.
El olfato de un perro es 200 veces superior al humano, explica el teniente coronel Parra, veterinario de formación. “Para ellos no es difícil localizar el olor de una persona, lo complicado es moverse por un terreno tan hostil”, precisa.
Cuando un nuevo grupo de perros llega a la Escuela Cinológica de la Defensa, todos pasan por los escombros y sólo aquellos que muestran ciertas aptitudes para caminar sobre semejante superficie son adiestrados para formar parte de un equipo de rescate. Los demás se destinarán a la detección de drogas, explosivos o a labores de seguridad y combate.
Al principio la cosa parece bastante sencilla, empiezan su formación subiendo y bajando escaleras y paseando sobre un suelo con grava. Después regresan a los escombros y todo comienza a complicarse. Allí no sólo hay tubos de cemento, también hay neumáticos, calefactores, cajas, somieres y montañas de bolitas blancas procedentes del embalaje de electrodomésticos.
MANTENER LA CONCENTRACIÓN.
El personal de la escuela del Ejército llega a complicar la vida a estos animales hasta límites insospechados. No sólo pueden llenarlo todo de humo, simular lluvia y armar un ruido de mil demonios, además esconden bajo el suelo una máquina que suelta chispas.
“Les provocamos un trabajo incómodo, de tal manera que la incomodidad para ellos sea su modo de vida”, afirma el director de la Escuela Cinológica de la Defensa.
Y es que no sólo deben moverse por un terreno abrupto, también tienen que aprender a mantener la concentración. Los instructores de la escuela suelen esconder a una persona en un habitáculo al final de un túnel metálico y convierten el camino para llegar a la supuesta víctima en una sucesión de obstáculos tales como latas de refrescos, comida, ruidos y manos que tocan al perro y lo empujan. Pero él no puede prestarles atención y tiene que centrarse en ladrar para indicar que hay alguien al otro lado.
Ángel Gutiérrez afirma que Protección Civil tiene gatos en el campo de trabajo para que los perros se acostumbren a su presencia. “Cuando un edificio se cae, dentro también puede haber animales. Se trata de que los perros marquen donde están las personas sin distraerse con nada”, precisa.
Tanto los perros de Protección Civil como los del Ejército, van a entrenarse a edificios en demolición. El director de la Escuela de Defensa asegura que es imprescindible cambiar el escenario de trabajo de los canes para evitar que se lo aprendan de memoria y se conviertan en “perritos de circo que repiten un número”. Además, “los olores y ruidos nuevos les incentivan la curiosidad de la búsqueda”, añade.
Estos perros son capaces de encontrar personas enterradas bajo cantidades considerables de escombros, de nieve o perdidas en grandes áreas. “No son héroes, sólo hacen aquello para lo que han sido entrenados”, matiza el teniente coronel Parra.
sábado, 31 jul 2010
Última actualización:04:00:00 AM GMT










