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Los peligros de la hepatitis

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La hepatitis es una inflamación del hígado que puede ser atajada con medicación de manera eficaz, o bien cronificarse y degenerar en una cirrosis o cáncer. Existen seis tipos de hepatitis, clasificadas de acuerdo con las seis primeras letras del abecedario y provocadas por virus, pero son la A, B y C las más habituales, y también las más contagiosas.


El hígado es uno de los órganos más importantes de nuestro cuerpo. Gracias a su actividad permanente nos defendemos de ciertas enfermedades, sintetizamos lo que comemos y bebemos, y almacenamos elementos vitales para nuestro crecimiento y desarrollo, entre otras funciones.

Cuando el hígado se inflama por alguna razón, se ponen en peligro procesos metabólicos fundamentales. Esa hepatitis puede ser provocada por algún virus, cada uno con características diferentes que los especialistas hacen corresponder con las seis primeras letras del abecedario. Las denominadas A, B y C son las más habituales, y también las más contagiosas.

CONTAMINACIÓN POR HECES Y COMIDA.

El virus de la hepatitis A puede propagarse fundamentalmente por dos vías: falta de higiene tras el contacto con heces de personas contaminadas y por consumo de agua o alimentos en mal estado.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente la mitad de los 170 millones de casos de hepatitis vírica que se dan en todo el planeta son de tipo A y suelen detectarse en ámbitos donde imperan la falta de higiene y el hacinamiento.

Abundan los casos en que personas infectadas con este virus manipulan comida u otros objetos que se introducen en la boca, y a continuación lo transmiten a otros, pero también es muy habitual contagiarse cuando se bebe agua o se toman ciertos alimentos crudos, como almejas, ostras y mariscos contaminados.

El periodo de incubación de la hepatitis A puede durar entre 10 y 45 días.

El virus hepático suele detectarse con síntomas de fiebre, cansancio, malestar, dolor abdominal, pérdida de apetito, náuseas, vómitos, deficiente pigmentación en la piel, excrementos blanquecinos y orina de color marrón.

La industria de Hollywood aún recuerda con prevención el mes de febrero de 2007 cuando corrió como la pólvora la amenaza de un posible contagio de hepatitis A como consecuencia de la presencia de un cocinero, afectado por esta enfermedad, en unas fiestas celebradas por aquellas fechas en Los Ángeles a las que acudieron unas 3.500 personas del mundo del espectáculo.

El cocinero estaba contratado por la empresa de avituallamiento Wolfgang Puck, que se encargó de servir la comida en la fiesta que el 14 de febrero de ese año ofreció la revista Sports Illustrated en honor de la actriz y cantante Beyoncé Knowles, protagonista de una portada.

Las autoridades sanitarias californianas advirtieron entonces de que, aunque el peligro de contagio era "muy bajo", todo aquel que entró en contacto con alimentos crudos debía someterse a un tratamiento preventivo.

En Guiyang (sur de China) se produjo en abril de 2008 un brote de hepatitis A que infectó a centenares de personas debido al consumo de agua mineral en mal estado.

Según las autoridades, el brote se inició en un centro de educación secundaria de esa ciudad cuando los escolares tomaron agua mineral contaminada de la marca "Zhu Yuan", cuya producción fue suspendida.

Existe una vacuna contra la hepatitis A, si bien la enfermedad suele resolverse generalmente sin efectos a largo plazo y no se cronifica, salvo en casos muy agudos en que hay riesgo de muerte. Al enfermo se le recomienda reposo y evitar la ingesta de alcohol, grasas y productos que puedan afectar al hígado, como por ejemplo el paracetamol con el fin de combatir la fiebre.


ENFERMEDAD ASINTOMÁTICA

Una de las características principales de la hepatitis B es que es asintomática hasta que el daño hepático es grave y puede derivar en cáncer o cirrosis. Sin embargo, en la fase inicial muchos de los afectados confunden la patología con una gripe.

Según el coordinador del Grupo de Estudio de la Hepatitis B, Rafael Esteban Mur, en España y en Europa sólo el 15 por cien de las personas que están infectadas con el virus de esta enfermedad reciben el tratamiento adecuado, bien porque no han sido diagnosticados o porque no tienen acceso a la medicación.

En China las autoridades sanitarias han admitido que al menos 93 millones de ciudadanos están contagiados de esta enfermedad y que el número de defunciones anuales por esa causa supera los 500.000.

El virus de la hepatitis B está presente en todos los fluidos corporales de la persona infectada: sangre, semen, saliva y orina. Las vías principales de propagación del virus de la enfermedad, al igual que ocurre con el VIH, se localizan en los contactos íntimos con personas infectadas, pero también podemos contagiarnos si compartimos el cepillo de dientes o la maquinilla de afeitar de una persona enferma.

No obstante, existen otras vías de contagio muy peligrosas, como por ejemplo los tatuajes y los "piercing" en la piel con instrumentos contaminados. Asimismo, la falta de asepsia en determinados instrumentales médicos para exploraciones clínicas, hemodiálisis, intervenciones odontológicas o acupuntura, representa un grave riesgo de contagio del virus de la hepatitis B.

Otro grupo de riesgo es el de los consumidores de drogas cuando comparten jeringuillas. Y el virus puede transmitirse también a los bebés nacidos de mujeres portadoras del mismo.

La exposición al virus de la hepatitis B puede aumentar por otro lado el riesgo de cáncer pancreático, según un estudio del Centro Oncológico M.D. Anderson, de la Universidad de Texas, divulgado en septiembre de 2008.

La hepatitis B se puede prevenir con una vacuna y tratarse, en determinados casos, con inyecciones de anticuerpos específicos de inmunoglobulina.

TRANSFUSIONES

El virus de la hepatitis C se suele transmitir por contacto con personas infectadas y también a través de transfusiones de sangre contaminada, o bien por usar agujas infectadas.

La OMS calcula que entre el 80 y el 90 por ciento de los pacientes no tiene síntomas cuando contrae la enfermedad y ésta se suele descubrir de forma casual en un análisis clínico o cuando comienza a dar síntomas porque ha producido una hepatitis crónica o una cirrosis, en general muy contagiosas.

Sin embargo, un pequeño porcentaje de afectados muestras síntomas de la enfermedad, como cansancio, picores generalizados, heces blanquecinas, orina oscura, color amarillento de la piel y falta de apetito.

No existe aún una vacuna contra esta enfermedad y los tratamientos para combatirla son largos –entre seis meses y un año- y con una gran probabilidad de efectos secundarios.

En la actualidad se están investigando nuevos fármacos que pueden beneficiar a entre un 55 y un 60 por ciento de los afectados de hepatitis C. El tratamiento reciente más avanzado combina un fármaco antiviral, la rivabirina, que se suministra por vía oral, con inyecciones semanales de interferón, aunque los médicos advierten al paciente de las náuseas, vómitos y malestar que sufrirá como consecuencia de esos fármacos.

En los casos más graves de hepatitis C que derivan en cáncer hepático la única solución es un trasplante de hígado, siempre que el enfermo esté en condiciones de soportar una i ntervención de estas características. /EFE Reportajes


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Una colección de textos poéticos y narraciones en la que describe el efecto que tiene en la conciencia del escritor, el ser testigo de un momento en la historia del planeta en que todo parece concluir y cuando las palabras “definitivamente,” e “irreversible,” son rechazadas por las personas a través de múltiples mecanismos de negación; pero siguen presentes cada día a través de los intensos fenómenos sociales, espirituales, y ecológicos que sufre la humanidad.

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