Junto con el sodio y el potasio, el calcio es un elemento químico vital para nuestra subsistencia. Estos tres componentes son los responsables de la conversión de los azúcares que tomamos en energía para que los músculos funcionen con normalidad y para facilitar el crecimiento de los huesos.
El raquitismo, la osteoporosis y la distonía muscular son tres manifestaciones de una carencia de calcio, por lo que los médicos recomiendan siempre consumir alimentos que contengan este elemento químico en abundancia con el fin de equilibrar ese déficit.
La lista de alimentos ricos en calcio la encabezan los productos lácteos y sus derivados, como la leche, el yogur, el requesón y el queso. También se encuentra este componente en cantidades apreciables en algunos vegetales como el brócoli, el nabo o el fríjol, y en frutos del mar como las sardinas y las almejas.
Cuando la absorción cálcica de los productos naturales no se realiza correctamente, los especialistas recurren a los suplementos vitamínicos –principalmente de Vitamina D- para ayudar a esa metabolización.
SECRETO DE LONGEVIDAD.
Cada día que pasa la ciencia descubre nuevas propiedades insospechadas del calcio. Por ejemplo, un estudio publicado por la revista "British Medical Journal" llega a la conclusión de que una dieta rica en calcio y productos lácteos en la infancia podría encerrar el secreto de la longevidad.
Investigadores de las universidades de Bristol (Inglaterra) y Brisbane (Australia) hicieron este hallazgo tras un seguimiento de 65 años de un estudio realizado en Gran Bretaña en la década de 1930 sobre hábitos alimenticios.
Los científicos observaron, entre otras cosas, que la presencia de calcio y lácteos en la dieta estaban directamente relacionados con el número de años que la gente vivía. Así, las personas que habían consumido esos productos de pequeños tendían a ser más longevos.
En la actualidad sin embargo hay un debate abierto sobre el posible efecto pernicioso de algunos lácteos -leche entera, mantequilla o queso- en la dieta, pues algunos especialistas consideran que su consumo en grandes cantidades en edades tempranas puede contribuir a la aparición en edad adulta de enfermedades cardíacas, por su alto contenido de grasas saturadas y colesterol.
Una parte de la comunidad médica se plantea, incluso, restringir la costumbre de suministrar leche a los niños en las escuelas debido a los posibles efectos negativos a largo plazo.
A partir de este debate, los científicos británicos y australianos analizaron la información recogida entre 1937 y 1939 por el estudio Carnegie sobre dieta y salud en la Gran Bretaña de preguerra, en el que se recogieron datos clínicos de niños procedentes de 1.343 familias inglesas y escocesas sobre la base de inventarios semanales de la despensa del hogar.
Los autores de la investigación tiraron del hilo hasta saber cuál fue del destino de 4.374 de aquellos infantes entre 1948 y 2005 y descubrieron que en ese último año 1.468 (34 por ciento) habían muerto, 378 de ellos por enfermedades coronarias y 121 de embolias.
Los expertos se centraron a partir de ese datos en dos tipos de desenlaces concretos
-muertes por embolia y dolencias cardiovasculares- y analizaron la conexión entre el consumo total de lácteos y la mortalidad, así como entre grupos concretos de lácteos y mortalidad.
Constataron, entre otras cosas, que no había pruebas evidentes de que el consumo de lácteos estuviera asociado con muertes de ninguno de los dos tipos. Sin embargo, la ingesta de calcio en la infancia estaba relacionada de manera inversamente proporcional con una mortalidad por embolia, aunque no por dolencias cardíacas.
En cambio los niños que estaban en el grupo con mayor consumo de calcio y productos lácteos tenían un índice de mortalidad menor que sus compañeros.
Los autores del estudio señalan no obstante que se requerirán otros estudios complementarios de población para corroborar estos resultados, ya que hay factores socioeconómicos que podrían explicar las diferencias de longevidad.
INSUFICIENCIA CARDÍACA.
Frente al debate abierto sobre la posible relación entre exceso de consumo de calcio y problemas coronarios, existe la teoría de que la deficiencia de este componente químico puede acelerar la insuficiencia cardíaca.
Según el doctor Karl T. Weber, catedrático y director de la División de Enfermedades Cardiovasculares de la Universidad de Tennessee (EE.UU.), "la deficiencia de selenio, zinc, magnesio y calcio puede acelerar la insuficiencia cardíaca”.
El especialista también asegura que el déficit de macronutrientes como la vitamina D puede estar implicado en el desarrollo de problemas cardiovasculares, por lo que esa carencia “debe compensarse mediante la administración de una combinación de varios de estos minerales, y en la actualidad una de las líneas de investigación trata de establecer cuál es la dosis necesaria para controlar la insuficiencia cardíaca”.
Otro descubrimiento sorprendente es el realizado por un equipo de bioquímicos de la universidad de Viena, quienes han determinado que tanto el hombre como los animales y las plantas elaboran estrategias a partir de sus reservas de calcio para protegerse contra el estrés.
El calcio y el fósforo están especialmente indicados para fortalecer la mente. El estrés disminuye las reservas de calcio, un componente que por otro lado es esencial para la coagulación normal de la sangre. Cuando el estrés produce un desgaste orgánico, el calcio se convierte en un agente que acelera su recuperación.
El calcio se introduce en las células y activa los mecanismos de secreción de las catecolaminas, que son precisamente las sustancias que se encargan de preparar la respuesta del organismo para enfrentarse a la situación de emergencia, actuando sobre el sistema nervioso, el vascular y el inmunitario
Por lo que se refiere al reino vegetal, el calcio le permite a las plantas desencadenar toda una serie de mecanismos de autodefensa, que ayudan a superar muchos problemas relacionados con cambios medioambientales.
Los científicos austríacos han examinado estos mecanismos a nivel molecular, mediante unos organismos denominadas "plantas knock-out", en las que se ha eliminado un determinado gen. Muchos investigadores del medio ambiente y del clima parten de la suposición de que aumentan los extremos climáticos, con lo que también se presentan con más frecuencia situaciones de estrés para todo tipo de organismos.
Según el bioquímico Markus Teige, director del equipo de investigación, las plantas se encuentran en una situación más difícil que el hombre y los animales, ya que no pueden abandonar el lugar donde crecen, por lo que se ven forzadas a desarrollar estrategias más complejas para sobrevivir.










