Nueva York lucha por regular la comida que se llevan a la boca sus habitantes. El 60 por ciento de los adultos y un tercio de los niños del estado tienen sobrepeso o llegan a la obesidad.
Uno de los mitos más extendidos sobre los Estados Unidos es que sus ciudadanos comen mal y que tarde o temprano acaban cayendo en la obesidad.
Nueva York hace tiempo que intenta escapar de esa funesta fama y desde hace un año ha apostado fuerte por regular la comida que se llevan a la boca sus habitantes.
El motivo es claro: el 60% de los adultos y un tercio de los niños del estado de Nueva York tienen sobrepeso o están obesos, según datos oficiales.
Este problema es especialmente preocupante entre la población infantil hispana ya que, según datos del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), presenta una tasa de obesidad del 31%. La enfermedad afecta en mayor grado a varones, con un 36% de tasa de obesidad frente al 26% de las niñas.
En una ciudad que tiene superpoblación de hamburguesas, pollo frito y rosquillas, educar a los niños y jóvenes en una alimentación saludable es uno de los pilares para evitar futuros problemas de salud.
En Nueva York la consigna está presente en diferentes programas e instituciones. Uno de ellos, School Food Summer Meals, distribuye saludables menús gratuitos entre jóvenes menores de 19 años como alternativa a la comida basura. El programa da a lo largo de cada día 860.000 menús.
APRENDER EL VALOR DE LO SALUDABLE DESDE PEQUEÑOS.
En Nueva York no sólo las escuelas han hecho un esfuerzo para acercar a los más pequeños la importancia de una dieta saludable. Desde instituciones como el Jardín Botánico del Bronx, un barrio de la ciudad con población de muchos países de Latinoamérica, se hace hincapié en el consumo de vegetales y verduras con el Edible Garden (Jardín comestible) organizado desde principios de verano hasta el otoño.
En declaraciones a EFE, la directora de exposiciones del Jardín Botánico, Karen Daubmann, aseguró que “la ciudad está intentando que la gente reduzca la sal en sus comidas, que los restaurantes señalen las calorías en sus menús y el Jardín Botánico puede ayudar mostrando cómo cultivar vegetales y frutas frescas que son una parte esencial de una dieta saludable”.
Este sabroso jardín, que se extiende a lo largo de más de cien hectáreas, muestra a adultos y pequeños la mejor manera de cultivar verduras en casa, ya sea en grandes espacios o en pequeñas macetas.
“El objetivo es enseñar a la gente como cultivar y cocinar magníficos alimentos y enseñar a la gente lo fácil que es hacer crecen en su propia casa una gran variedad de alimentos”, aseguró a EFE Karen Daubmann.
Cada año 40.000 escuelas y familias participan en los programas específicamente organizados para los más pequeños en los que pueden aprender a plantar, cuidar y segar los alimentos utilizados en sus comidas favoritas.
El proyecto ayuda a que los niños sepan qué es comer de manera saludable ya que cuenta con un jardín para familias y otro para niños donde pueden venir y hacer de jardineros, ver como son los vegetales frescos, pueden cocinar y ver de dónde vienen los vegetales
Así con el Pizza Garden o el Beakfast Bowl Garden, los niños pueden cultivar orégano, trigo, cebollas y tomates que luego pueden ser utilizados en los platos preferidos de los más pequeños.
Para los más crecidos, el Jardín botánico también ofrece la oportunidad de adentrarse en la mejor cocina con las exhibiciones que famosos chefs como la latina Daisy Martinez o Mario Batali realizan con las verduras que ellos eligen del huerto.
UNA ESTRICTA LEGISLACIÓN PARA COMBATIR LA OBESIDAD.
El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, ha hecho de la lucha contra la obesidad y los malos hábitos alimenticios uno de sus caballos de batalla.
El último aspecto de la comida estadounidense que el alcalde ha osado tocar ha sido la sal. Con su Iniciativa Nacional para la Reducción de la Sal, anunciada en enero de este año, el alcalde de Nueva York ha puesto como meta que las grandes empresas alimenticias rebajen las cantidades de sodio en sus productos.
El programa pretende reducir el sodio en los alimentos envasados y de los restaurantes en un 25% en cinco años, lo que podría reducir la ingesta de sal de la nación en un 20% y evitar miles de muertes prematuras.
Planes como el de Bloomberg han conseguido que marcas tan icónicas para los estadounidenses como el Ketchup Heinz hayan decidido variar su receta para reducir la cantidad de sal en un 15%. Esta salsa de Heinz, que se puede encontrar en prácticamente cualquier restaurante de Estados Unidos, llevaba más de cuarenta años sin modificar su receta.
Con una cuota de mercado del 60% en Estados Unidos, donde el ketchup con la nueva receta llegará a las tiendas a partir del verano, Heinz goza también del primer o segundo puesto en los mercados de más de cincuenta países.
Heinz es uno de los dieciséis grandes fabricantes de alimentos estadounidenses que ha suscrito la Iniciativa Nacional para la Reducción de la Sal de Bloomberg.
No sólo la sal está en el punto de mira de la ciudad, las calorías de los menús de las cadenas de “fast food” son escrutadas diariamente por los ojos de los usuarios ya que por ley estos establecimientos están obligados a especificar el aporte calórico de sus comidas.
BEBIDAS AZUCARADAS, ENEMIGAS DE LA SALUD.
Una de las principales causas de la obesidad en Estados Unidos es el elevado consumo de refrescos y bebidas azucaradas. Estos líquidos, que también son uno de los causantes del aumento de la diabetes entre la población estadounidense, son compuestos en algunos casos con jarabe de maíz.
Este ingrediente, un edulcorante líquido creado a partir del maíz, es de amplio consumo en Estados Unidos donde se tiene un gran excedente de este cereal y se intenta limitar la dependencia del azúcar de caña provinente de países tropicales.
En un reciente estudio publicado por la Sociedad Americana de Nefrología se alertaba que el consumo de fructosa y en especial del jarabe de maíz era uno de los motivos del aumento de la hipertensión en los países industrializados.
El análisis recomendaba a los consumidores que vigilaran atentamente que los productos que consumen no contengan jarabe de maíz, algo relativamente fácil de comprobar en Estados Unidos donde es común ver las latas de bebidas azucaradas o envases de productos con advertencias en las que se informan que el alimento no ha sido compuesto a partir de este edulcorante.
Sin embargo, aún hay una parte importante de la sociedad que se resiste a creer en los efectos nocivos de esta fructosa. Uno de los más críticos con esta corriente es la American Beverage Association, cuyo vicepresidente de políticas científicas, la doctora Maureen Storey, afirmó en un comunicado que el estudio lleva a la confusión y al malentendido “porque falla en mostrar la relación entre las bebidas azucaradas y la hipertensión”. Desde la industria se asegura que la fructosa absorbida por la sangre no es peor que cualquier otro tipo de azúcar.
Sea a no causante de hipertensión, el jarabe de maíz podría tener sus días contados en el estado de Nueva York si se aprueba la propuesta de la miembro de la Asamblea, Barbara Clark. La iniciativa de Clark busca prohibir su uso en los procesos de composición de cualquier tipo de alimento y dar así un paso en la conversión de Nueva York en uno de los estados más sanos de todo Estados Unidos.











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